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26 de mayo de 2014

De aquel Manifiesto....



(...)

Para concluir enunciaré algunas tesis que pueden ser consideradas como elementos simultáneamente condensadores y polémicos de las propuestas esbozadas en este manifiesto. Son los múltiples puntos finales de este texto.


1. Un principio básico del surrealismo tardío sería: pesimismo en el saber erudito y pasión en la práctica existencial y política.

2. Debemos siempre desconfiar del conocimiento instituido y de la razón meramente instrumental.

3. El saber tiene que estar siempre sirviendo a la autonomía y la autodeterminación del hombre. Precisamos descalificar el saber que no ayuda a la lucidez emancipatoria.

4. No se puede suprimir las desigualdades materiales a costa de la homogeneización de los individuos y de las conciencias. La libertad nunca puede ser el precio del bienestar material. Entretanto, ninguno es libre si no tiene aseguradas sus condiciones materiales de existencia.

5. En las sociedades posmodernas surge nítidamente a cuestión de más valía del saber. La industria cultural aparece como un fuerte instrumento de dominación cotidiana.

6. Acompañando el pensamiento de Adorno diré que debemos combatir el mito de la razón como la forma de manipulación de la conciencia, precisándose para esto darle un énfasis creciente a la poética, en el interior de la cual se diseminarían de forma privilegiada  las tendencias y contradicciones de la sociedad, posibilitando a partir de ella una comprensión transformadora: la poética y el sueño sustituyendo las teorías que neutralizan la vida.

Las manifestaciones poéticas preservan todavía, la utopía de un mundo mejor, implicando, así, un potencial transformador. Por lo tanto, una poética preservada de su transformación en mercadería.

7. Sin utopías (sueños) no existe transformación de la realidad.

8. No se puede combatir el mito de la razón desde los lugares donde precisamente el mito fue desarrollado. De ahí la importancia de la poética como elemento de realización de una forma de razón.

9. Lacán define la praxis como las acciones realizadas por el hombre que lo pone en condiciones de tratar lo real por lo simbólico. La praxis transformadora exigiría tratar lo real por la utopía.

10. Todo proceso de enseñanza debe procurar la preservación de nuestra capacidad de enganchamiento en una praxis transformadora. Por eso, en la base del acto pedagógico debemos encontrar el estímulo a la creatividad, o el entusiasmo por la vida, en una trama de afectos.

11. La práctica de los juristas únicamente será alterada en la medida en que cambien las ideas matrices que organizan el orden simbólico de esa práctica. La pedagogía emancipatoria del derecho pasa por la reformulación de su imaginario instituido.
 Así queda como una cuestión inocua la interrogación sobre la adecuación del derecho a la realidad. La realidad del derecho y su propia representación.

12. El sentido del derecho es el de ser parte del sentido de una práctica social.

13. En la producción del saber la verdad es el efecto de una condición imaginaria de significaciones que opera como regla de construcción de los discursos científicos.

14. La aceptabilidad de las significaciones depende de las comunidades que las producen. Esto también vale para los enunciados de las ciencias.

15. El hombre debe pensar que lo que es en los lugares donde no pensó pensar. El acto de aprender debe hacerlo pensar en estos lugares inesperados.

16. Las palabras precisan valer tanto mas como intensidades, que como nexos conceptuales.

17. Luchar por el amor y por la felicidad es más importante de que poseer una respetable erudición, en esto radica la más profunda subversión pedagógica. Un profesor no puede olvidar de enseñar a luchar por la felicidad. Esto es una condición mínima para generar un mundo basado en otras necesidades. Nadie es feliz si no ama a los otros. La necesidad de amor debe substituir a las actuales necesidades de consumo.
El surrealismo tardío se levanta contra todas las tentativas de mistificación del amor y de las emociones, rechaza el misticismo ajeno a los problemas sociales.

18. Así como vivimos en una sociedad donde todo es transformado en mercadería tenemos una vida jurídica donde todo es convertido en ley. Los sueños del capitalismo (viram) siempre mercaderías.

19. La felicidad y el placer no pueden nunca ser una prolongación electrónica, convertidos en momentos de readaptación a las maquinas productivas.

20. Actualmente los hombres son dominados por las banalidades del orden social, sintiéndose al mismo tiempo apabullados por el tedio, como animales cuyos instintos fueron determinados en cautiverio. Las personas del fin del siglo XX levantarán tantas barreras contra las emociones fuertes, que no más conseguirán sentir lo que es dejarse inundar por el deseo.

21. Lo que la institución universitaria llama realidad es una apropiación de lo simbólico por la racionalidad cartesiana. Es una ilusión formalizada: siempre cerrada sobre si misma, siempre ignorante de sus propios límites, permanentemente fingiendo engendrar a sus propias determinaciones.

 22. El raciocinio clásico presenta un conjunto de aspectos represivos que es imprescindible combatir: las ingenuidades y simplificaciones de las luces; las perversiones de la moderna civilización industrial; la pérdida de sustentación ética y estética del proceso comunicativo. En tanto, no se puede dejar de reconocer que sin la razón no se puede combatir los mecanismos culturales que asfixian la vida e impide la transformación del mundo.

23. La realidad coincide con lo que se sabe de ella. Para que ese saber preserve nuestra autonomía, tiene que ser construido en disyunción de las certezas.

24. Apelando a la poesía el surrealismo tardío pretende mostrar que el mal de la cultura capitalista está en la renuncia hedonista de la vida, en la disminución de la tensión vital en un analgésico culto y mecanizado del saber, que transforma a los cuerpos en sombras. No estamos delante de una negación nihilista de los valores establecidos, pero delante de su disolución en una indiferencia pasiva: el hedonismo resignado.

25. No existe forma de transformar el mundo si no vemos a la política como una posibilidad de preparar el futuro. Pensar la política como una técnica que vive en la relatividad de lo inmediato deja al hombre a la vera de su autodestrucción, deshumanizado y en las vísperas de un diabólico y absurdo punto final de la historia del planeta tierra.

26. La gran herida que la cultura capitalista nos proporcionó fue la separación entre moral e historia (por el empirismo e por las abstracciones de los valores éticos). El secreto de la resistencia democrática pasa por el restablecimiento del diálogo entre la moral y la historia.

27. Cada acto relativo debe apuntar hacia un significado que lo trasciende. En lo relativo deben encontrarse (o producirse) rastros, reflejos de un deseo de los absoluto. Lo efímero nunca puede agotarse sin la búsqueda de su negación; si olvidamos esto, el sentido de nuestra vida únicamente se realiza en la desesperación. No se puede vivir haciendo de cada momento un instante descartable.

28. El surrealismo tardío busca la negación de los valores de la productividad, competencia y conformismo, revelándose así, contra los elementos que impiden la búsqueda de una nueva dimensión humana. Se precisa de una volcánica movilización existencial que saque al hombre de la apatía cotidiana.
El surrealismo tardío pugna por la búsqueda de un mundo mejor y por la toma de conciencia en relación ala cultura instituida que nos condiciona para que actuemos contra la posibilidad de nuestra propia liberación.

29. El surrealismo tardío se planta frente a una humanidad materialmente opulenta, soñando con la existencia de una sociedad que tenga en cuenta las necesidades efectivas del ser humano. La técnica, el arte, el trabajo, el sueño o el juego contribuyendo armónicamente para la realización de la dimensión estético erótica del hombre. La política como factor de desarrollo de nuestra singularidad: el respeto de hablar en primera persona como acto pedagógico fundamental e un fuerte desprecio por el mantenimiento de una estructura social basada en el capitalismo del desperdicio.

30. El surrealismo tardío se levanta contra una razón instrumental que domina las emociones.

31. El principal objetivo pedagógico del surrealismo tardío es la creación de estructuras que liberen la creatividad y la comunicación de las personas. No existe método pedagógico que pueda ser sustentado si se violenta ese objetivo.

 32. En un salón de clase, el alumno tiene que tener espacio para colocar sus angustias, sus deseos personales y sus miedos.

33. Luchar por el amor y la felicidad es más importante que poseer una respetable erudición. En esto radica la más profunda subversión pedagógica.

34. El placer por la vida nunca puede ser reducido a un conjunto de actos monótonos. El placer nunca puede ser ejercitado por un conjunto de rituales estereotipados.

35. El hombre que pierde la capacidad de soñar, pierde la capacidad de vivir, sustituye el erotismo por una angustia mortífera. (...)

36. Desear o no desear, vivir o adormecer es una cuestión política básica. Buscar la libertad encontrándose con el placer es una forma substancial de hacer política, pues sólo tenemos una actitud política, estando totalmente disponibles para la vida. Luchando por los sueños y deseos se hace política.

37. La razón precisa de un fundamento normativo, de un nuevo paradigma de vida, de una moral no represiva.
La razón y el saber de las ciencias precisan ser socialmente controlados para que no se conviertan en una fuerza ciega al servicio de la dominación, del militarismo, de la devastación del planeta  o del a infantilización del hombre. El objetivo es producir una razón que ose saber, removiendo todas las tutelas para el advenimiento de la autonomía para todos.

38. No se vive la historia citando el pasado, pero si comprendiéndolo. Necesitamos trabajar el pasado para impedir que el pasado nos trabaje como una latencia activa que nos fuerza a repetir situaciones. Lo nuevo no puede surgir sobre la forma de lo viejo. Lo nuevo surge en el instante de despertar del sueño.    

39. La pulsión de muerte se manifiesta clínicamente como un movimiento de desinvestidura del objeto. Esa desinvestidura que no se realiza en beneficio de otro objeto. El sufrimiento que se prolonga en el tiempo corre el riesgo de facilitar el trabajo de la desinvestidura propia de Tánatos. Existe, así, un sufrimiento elaborativo todavía al servicio de Eros. Es, el sufrimiento presente en el trabajo de luto, ligado a la desinvestidura de un objeto para recuperar la líbido y colocarla al servicio de otro investimento. El sufrimiento ligado a Tanatos concierne a la totalidad de los objetos investidos por Eros y que obliga a que el sujeto se reconozca delante de un objeto que falta. Se trata de una angustia paralizante. En el nivel de la sociedad, ella puede generar un estado de psicosis colectiva, un orden social totalitario. El surrealismo, apelando para el sueño, y la poesía, pretende combatir todas las formas de angustia tanática, de la angustia no elaborativa, de la angustia que paraliza por la melancolía.

40. El saber emancipatorio exige una reflexión colectiva y una renegociación política, por lo tanto, esto únicamente podrá ser  atendido cuando la política retorne a las calles del deseo de hombres nuevamente motivados. No existe ninguna posibilidad para un saber emancipatorio si la política es vaciada por los tecnócratas y rutualizada por los aparatos de una cultura que nos congela en la melancolía.

41. En el totalitarismo, las instancias jurídicas del poder van perdiendo su valor, siendo substituidas por las instancias disciplinarias: realización cotidiana del panoptismo, como forma de funcionamiento de la sociedad posmoderna. De esta manera, se consigue la producción de cuerpos y deseos dóciles. Es la sociedad vista como tecnología de adiestramiento y estancamiento humano. En las instancias disciplinarias del poder se afecta más un cuerpo observado, vigilado y clasificado, que una conciencia alineadamente configurada. La producción social de la subjetividad se encamina así, para un futuro sin oportunidades, vencida por las prácticas disciplinarias de individualización de los cuerpos. Cuerpos vacíos, prohibidos de pensar identificándose con cualquier tipo de significaciones.  

42. El propio saber que constituyó históricamente el sujeto comienza a destruirlo. Las sociedades comienzan a funcionar apoyadas en saberes que prescinden radicalmente de la intervención del sujeto. El hombre, perdiendo su condición de sujeto de conocimiento, va ganando la condición de elemento de una configuración totalitaria. En la fase avanzada del saber disciplinar, la sujeción probablemente no dependerá de la formación de sujetos dóciles, subjetivamente flácidos. De la producción institucional de la subjetividad se pasará por un proceso de destrucción institucional de los sujetos.

El análisis precedente no está destinado a recuperar la figura del sujeto. Pretendo mostrar antes que nada, que el hombre precisa, para ejecutar el proyecto de una pragmática emancipatoria, comprender que lo que fue radicamente desgarrado por las prácticas disciplinarias del saber y del poder fue su intersubjetividad. El eclipse de la intersubjetividad determinó la falencia existencial de los hombres, y la total ausencia de las ilusiones vitales.


Fragmento del "Manifiesto del Surrealismo Jurídico", Editora Académica SP, Brasil (1988).

19 de mayo de 2014

Surrealismo jurídico




Más sobre surrealismo...


Por Luis Alberto Warat

(...)


Bretón tomó cuidados para no reducir la imaginación al servicio. Él afirmó en su primer manifiesto que solo la imaginación nos hace dar cuenta de que puede ser, y esto es bastante para que la gente se entregue a ella sin recelos de ser engañado (como si fuese posible que se engañe más, lamenta Breton). 

La libre emisión de la imaginación convoca la magia. No existe imaginación sin magia. La gran tentativa que nos brinda el surrealismo proviene de su temerosa substitución de las fobias, las dramatizaciones, de la mentalidad narcisista por la acción política del encantamiento. No se puede llevar una vida sin vínculos mágicos con “los unos, los otros” y las cosas. 

La imaginación encantada, mágica, no es la verdad ni el error. Ella procura una lucidez que no está en las teorías. Éstas realizan un modo de comprensión del mundo sustentado por el poder de la unificación y de la identificación de una cierta mitología de la realidad objetiva: la ingenuidad transparente. la magia surrealista provoca la lectura emocional, sensitiva, corporal, auditiva y visual dos destinos del deseo y los sentidos del placer perdido. Vida, cuerpos, palabras, miradas, pulsaciones... todo leído, hablado y visto como intensidades, lejos de los conceptos, trazando abismos con relación a grandes relatos que legitiman trascendental o épicamente las verdades y, negando, también la autoridad de dos “Dioses-Providencia”. Así, el surrealismo puede separarse de la relación Teoría-Praxis, asumiendo en profundidad el carácter onírico de las teorías. Realidad y sueño, los cortes no son drásticos. Es difícil distinguir sin crear mitos. De repente el surrealismo no distingue, pone las teorías en estantes sin estantes y nos propone una discusión substitutiva: la relación sueño-praxis. Gracias a este sacrilegio, los surrealistas alteran los efectos consagrados del saber. 

En sus juegos contestatarios muestran que la función más importante del conocimiento social es la de soñar con magia. Somos hechos del mismo material que los sueños. El sueño es un fiel espejo de nuestros oscuros objetos de deseo. Iluminarlos es una función emancipatoria de la pedagogía. Ella debe incendiarnos con magia y afecto. El proceso didáctico precisa ser un sueño mágico que nos atraiga para devolvernos la libertad. Ese es el camino para encontrar el deseo en los argumentos didácticos: la sala de aula como un sueño que realiza el psicoanálisis del saber. Paraíso peligroso, donde penetran los grandes aventureros. La noche del ser. 

El hombre nocturno que ve la noche como iluminación y el día como gestaciones: el hombre luminoso del crepúsculo que muestra Bachelard. Atreverse es un privilegio de los que tienen valor. La experiencia nos enseña que una conciencia demasiado impregnada de lucidez cartesiana impide que el hombre invoque los abismos interiores y que provoque, como el desea, los misteriosos climas de la vida inconsciente, intente disolver sus fantasmas y ejerza su rebelión contra los castradores profesionales o aficionados. Los sueños y la magia como antídotos de la ideología. El sueño para superar la mentalidad cartesiana: esa lucidez cercana del poder. El Bachelard nocturno fue un innovador del concepto de la imaginación, distinto de los padrones académicos convencionales y de los modismos sobornantes, exploró el sueño y la poesía, pensando a la naturaleza como imaginación material. Reivindicó para el conocimiento un incesante derecho de volar la imaginación: el ejercicio de la función diurna del imaginario. 

Pensando junto con los surrealistas, Bachelard percibe las corrientes subterráneas del saber, que manifiestan una movilidad diferente de la que se da como superficie de razón: unidireccional, logocéntrica, disciplinada, sin efervescencias psicológicas. El descubre la lucidez de la matemática, el juego creador, el “espíritu de delicadeza”, lo poético de la inteligencia, la ciencia como estética de la razón, como decía Niestzche, es también compromiso del cuerpo con lo concreto del mundo.  (...)


Fragmento de: “Manifiesto de Surrealismo Jurídico” . Editora Académica, Brasil, Warat, Luis Alberto, (1988).

18 de junio de 2011

pensamientos vivos


De aquel Manifiesto...
Acompañando el pensamiento de Adorno diré que debemos combatir el mito de la razón como la forma de manipulación de la conciencia, precisándose para esto darle un énfasis creciente a la poética, en el interior de la cual se diseminarían de forma privilegiada las tendencias y contradicciones de la sociedad, posibilitando a partir de ella una comprensión transformadora: la poética y el sueño sustituyendo las teorías que neutralizan la vida.
(…)

Desear o no desear, vivir o adormecer es una cuestión política básica. Buscar la libertad encontrándose con el placer es una forma substancial de hacer política, pues sólo tenemos una actitud política, estando totalmente disponibles para la vida. Luchando por los sueños y deseos se hace política.



Luis Alberto Warat
Manifiesto de Surrealismo Jurídico (1988)




1 de septiembre de 2010

Comentario al manifesto


Comentario al manifiesto do Surrealismo Jurídico

Encontramos en la web este comentario sobre aquel libro publicado hace más de 20 años.

Manifesto do Surrealismo Jurídico
Manifesto of Juridical Surrealism
Luis Alberto Warat –Manifiesto del Surrealismo Jurídico
WARAT, Luis Alberto. Manifesto do surrealismo jurídico. São Paulo: Acadêmica, 1988. 103 p.


Por MARIA LÚCIA LEVY MALTA

Mestranda na UNIMEP. Julgador Tributário na Delegacia Tributária de Julgamento de Campinas, da Secretaria de Estado dos Negócios da Fazenda de S‹o Paulo. Especialista em Direito Tributario pela PUCCAMP. Especialista em Administração de Marketing (Direito da Tecnologia da Informação) pelas Faculdades Integradas Anchieta de Jundiaí.


O autor, Luis Alberto Warat é argentino(*) radicado no Brasil, Bacharel em Direito e Doutor pela Universidade de Buenos Aires, Professor titular Doutor dos Cursos de Graduação e de Pós-Graduação – DPC, da Universidade Federal de Santa Catarina, nas Áreas de Atuação: Direito e Psicanálise, Filo-estética e Direito e Epistemologia da Complexidade.

Estamos fazendo a releitura da presente obra que é parte da trilogia de uma proposta pedagógica iniciada pelo autor com A Ciência Jurídica e seus dois maridos, onde aborda o imaginário carnavalizado, ou seja, o imaginário produtor "na tentativa de ilimitar a linguagem" (p. 71), baseado no jogo, e foi concluída com o segundo manifesto sob o título Amor tomado pelo amor, fulcrado na terapia.

Este primeiro manifesto cuida da "Didática do Imaginário – Perspectivas do surrealismo tardio para o ensino do Direito" (p. 5), é uma proposta pedagógica embasada no sonho surrealista.

A obra não possui uma estrutura linear de começo, meio e fim, porque escrita espontaneamente, à medida em que foram surgindo os questionamentos o autor foi buscando suas certezas, configurando paulatinamente seu raciocínio em seis capítulos, os quais abordam, em síntese:

· sonho didático do realismo mágico (surreal), em contraposição ao imaginário oficial, através da crítica à dialética surrealista de Bachelard, sob a máxima: "No reino do pensamento a imprudência é um método" (p. 17);

· a impossibilidade de conceituar o surrealismo tardio emergente da pós-modernidade, ringue do conflito entre duas tendências, a do saber-poder e saber-dever, ou pós-modernidade oficial e a do prazer-saber e paixão-saber, ou pós-modernidade utópica (p. 49);

· a análise de ordem social totalitária e a contraproposta "de um tríplice apocalípse: da natureza, das emoções e das linguagens" (p. 54);

· a proposta de "uma volta ao mundo grego onde as verdades dependiam de Eros, a liberdade, do autocontrole, e a beleza, de uma estética da vida. O surrealismo, como uma compreensão carnavalizada do mundo, reintroduziria o valor das ilusões e metáforas banidas pela hiper-realidade da pós modernidade" (p. 72);a linguagem jurídica estereotipada com proposta de sua substituição pela linguagem jurídica carnavalizada; do ensino e do estudo do Direito, pautados em neuroses narcisistas e defesas maníacas e a contraproposta de o professor converter o saber pelo diapasão das práticas de pensamento e dando-o "para satisfazer a dúvida do aluno que é sempre, no fundo, um pedido de amor, a fuga da fadiga dos estereótipos, a renúncia a este monstro que é o último significado" (p. 95);

· e as conclusões, com algumas teses como: "assim como vivemos numa sociedade onde tudo é transformado em mercadoria temos uma vida jurídica onde tudo é convertido em lei. Os sonhos do capitalismo viram sempre mercadorias" (p. 99);

· culminando com a proposta de reação do homem pela execução do projeto de uma pragmática emancipatória da intersubjetividade, até então eclipsada, o que determinou sua falência existencial e a total ausência de ilusões vitais (p. 102).

De todos, o segundo capítulo é o mais interessante. Nele o autor desvela-se, confessando as dúvidas que o assolaram enquanto redigia o manifesto e que o fizeram aproximar-se do surrealismo, a saída pela criatividade para a força transformadora do saber.

A relevância desta obra está na proposta de uma pedagogia subversiva à instituída nos cursos de Direito, primado da erudição acadêmica do saber jurídico, a qual se faz ocorrer na relação professor-aluno, pela imaginação pedagógica fundada no desejo, no amor, na poesia e no prazer, mostrando ao aluno que ele próprio tem a possibilidade de ser o produtor de suas necessidades e dos meios para atingi-las, portanto, sustentada na pragmática da "poesia da ternura como ato inaugural da política de resistência às formas de totalitarismo", nas palavras do professor Maurício Batista Berni, na contra-capa.




Palavras-chave: ENSINO JURÍDICO – SURREALISMO – POLÍTICA – SOCIEDADE EM TRANSFORMAÇÃO – ÉTICA

Keywords: JURIDICAL TEACHING – SURREALISM – POLITICS – CHANGING SOCIETY – ETHICS

Palavras-clave: ENSEÑANZA JURÍDICA – SURREALISMO – POLÍTICA – SOCIEDAD EN TRANSFORMACIÓN – ÉTICA


(*) Nota de aclaración: Luis A. Warat tiene nacionalidad brasileña

Fuente:
http://www.unimep.br/phpg/posgraduacao/stricto/direito/ARTIGO-15.html

8 de octubre de 2009

Manifiesto del surrealismo jurídico: cuatrigésimo sexta entrega


No es posible reflexionar acerca de la generalizada insatisfacción que provoca la actual estructura de la enseñanza jurídica sin ocuparnos de los modos en que el poder se funde con el deseo.
En ese sentido, es preciso comenzar interrogándonos por las razones que nos llevan a ignorar el deseo como elemento-llave del acto de aprender.
Ocultando los efectos del deseo sobre el saber, obtenemos un conocimiento desmotivado e inocuo, que no sirve para movilizar al hombre en la búsqueda de un obrar transformador (emancipatorio) de la sociedad.
Acompañando el pensamiento de Lacan, recuerdo la fuerte articulación que existe entre el deseo y la verdad. En el fondo esta relación revela una radical imposibilidad del hombre para tener acceso a la verdad. La conciencia es impotente para mostrarnos la verdad, a no ser de manera ilusoria. Este acto es ocultado, en las metáforas de la objetividad y de la neutralidad del saber, para obtener un discurso arbitrario y alienante, pues su efecto es determinar el destino del otro. Ese es el discurso de la ciencia que se ocupa del hombre. Ese es el discurso dominante de la institución universitaria.
Con el auxilio de algunas nociones psicoanalíticas, quiero sugerir la posibilidad de reformular la versión cartesiana de los procesos educacionales, reivindicando la necesidad del deseo en causa, liberando al sujeto que se confrontaría, así, con la ilusión de sus verdades.
En fin, parece interesante no perder de vista que, cuando se desvincula, cuando se omite considerar la relación deseo-saber, se está automáticamente reforzando la relación saber-poder, posibilitando, con esto, que el conocimiento sirva para la irreversible consolidación de una estructura social totalitaria. Si queremos impedir esto, debemos buscar una relación más rica con la razón, capaz de percibir y trascender sus condicionantes totalitarios y de denuncia o substrato de deshumanización que acompaña a la razón instrumental.
Las aulas no son, tradicionalmente, un territorio propicio para buscar, junto con el saber, mejores condiciones de existencia. En las escuelas de Derecho la vida es atenuada y la eficiencia técnica exaltada. El profesor contribuye, inconscientemente, para ahogar cualquier posibilidad de emergencia de vectores de singularidad y espacios de afecto. La autonomía no se conquista sin una predeterminación afectiva.
La ideología, como forma de neurosis comunicacional, no puede ser disuelta si no se contemplan también los conflictos de origen afectivo que la organizan y regulan. Por esta razón es preciso el tratamiento psicoanalítico de los recuerdos latentes, que pueden ser superados por una educación transformadora.
Así, el componente afectivo pasa a ser dos grandes ausentes del proceso de enseñanza en el campo del Derecho. Nadie se ocupa, en las teatralizaciones que van armando la cena pedagógica del Derecho, de lo que acontece emocionalmente con los estudiantes. Exigencias desmedidas, solemnidades e imperturbabilidad en las aulas. No existe proximidad, sensibilidad ni comprensión vital. Los alumnos crecen, cambian, tienen necesidades insatisfechas, angustias y ansiedades; fracasan, triunfan y necesitan ser acompañados en sus ritmos vitales. Pero esto no, acontece. El miedo y la coerción sustituyen, innumerables veces, el placer y los afectos. El miedo y la coerción aflorando el impulso de autonomía y ajustando los estudiantes al trinomio: leer, saber, poder. Una especie de “triángulo de las bermudas” donde desaparecen los deseos, donde se pierde el impulso emancipatorio.
Los hombres aprenden y se socializan, sin ser heterónomamente violentados por la práctica de dominación, cuando la enseñanza funciona respetando una razón dependiente de la interacción emocional y de los deseos sin disciplina.

7 de octubre de 2009

Manifiesto del surrealismo jurídico: cuatrigésimo quinta entrega

En las prácticas de la comunicación carnavalesca se transforma en vida real, marcando el triunfo de una especie de autonomía temporaria: deliberación temporaria de la verdad dominante y de las prácticas instituidas de los poderes. En otras palabras, el juego en el lenguaje carnavalizado se opone a toda perpetuación apuntando para un futuro necesariamente incompleto e irreductiblemente plural.
Los juegos del lenguaje carnavalizado no poseen reglas de censura, coinciden con una liberación de energía simbólica que nos coloca delante del infinito significativo de los significantes. Es un juego que rechaza el consumo de los sentidos. Es que, de hecho, sus significantes son mucho más que la morada material de los significados: sobre todo, permiten la realización del propio pluralismo de los sentidos. Sus significantes quedan en el lugar del signo donde el significado puede ser permanentemente vaciado para actualizar lo infinito del sentido. Ese infinito no se encuentra referido a ninguna idea inefable, de significado innombrable, si a la idea de juego: el invento perpetuo de significados entrelazados por un tejido de significantes en estado de permanente estructuración. Se organizan sin atender a una vía orgánica de maduración ni a una vía hermenéutica de profundización, “mas, antes, segundo” un movimiento serial de desniveles, de variaciones y yuxtaposiciones. Connotativas descentradas, sin cierre. No estamos ante un discurso con varios sentidos, estamos ante un territorio semiológico donde se realiza el propio pluralismo del sentido: el texto barthiano. Conforme a mi lectura de Barthes, diría que el pluralismo del texto tiene, efectivamente, que ver, no con la ambigüedad de los sentidos, sino con aquello que podríamos llamar el múltiplo irreducible, esto es, la totalidad de un campo semiótico apreciado esplendorosamente en su vasta polifonía, en su exclusiva intertextualidad. Así, ante el texto, precisamos para compartirlo, experimentarlo en un trabajo, incorporándolo al juego que propone, pero nunca sentirlo como objeto de un consumo.
Colocándome delante de las concepciones jurídicas dominantes, me gustaría decir que el segmento jurídico del discurso del orden basa el poder de sus discursos enunciativos y sus verdades avaladoras, en un consumo monológico y ficticiamente legible que, en el fondo, escamotea la naturaleza primitivamente carnavalizada del discurso de la ley. Ellos son siempre textos negados para proteger la fuerza coercitiva. Frente a la ley es necesario ocultar el múltiplo irreducible de los sentidos que la realizan en una intertextualidad sin fin. Únicamente un discurso legible puede hablar en nombre de la represión y de los dispositivos de sumisión. El carácter, ficticiamente legible, sirve para justificar el ejercicio jurídico del poder y el poder de policía del saber de la ley.

5 de octubre de 2009

Manifiesto del surrealismo jurídico: cuatrigésimo cuarta entrega

La travesía erótica de las significaciones es una idea muy importante para la constitución de un lenguaje de transgresión en las civilizaciones de la culpabilidad y de las verdades científicas; la fuerza o reconocimiento de que es absolutamente necesario poner en riesgo y subvertir el privilegio ilusorio dado por las posturas científicas y el racionalismo instrumental a la propiedad de un lenguaje esclavo. Existe apenas una verdad lúdica para el pasaje transgresor por la espera de la autonomía.
En una palabra, la inscripción y dependencia semiológica de los podes debilita su configuración totalitaria en la transgresión lúdica de lo simbólico. Ante las normas, restricciones y jerarquías de las formas simbólicas de una sociedad totalitaria surge la travesía lúdica y erótica de los sentidos como posibilidad de generar, en el interior del propio discurso de una cultura, la demanda por un ejercicio democrático del orden simbólico de los poderes: el sueño democrático instalado y reinando en el territorio de las identificaciones simbólicas que constituyen una forma de sociedad.
En fin, estoy intentando reivindicar la importancia de un lenguaje carnavalizado como ese espacio social que no deja ningún sentido encubierto, pronto para el consumo, ni en cualquier sujeto de enunciación en la situación de juez, de maestro, de confesor o de intérprete consagrado de una realidad que oprime y restringe al lenguaje carnavalizado. La carnavalización es una práctica de autonomía del lenguaje.
La autonomía de los textos carnavalizados demanda una relación lúdica y erotizada entre todos los discursos oficiales, sea ellos científicos, políticos o poéticos. En los textos carnavalizados los signos visten fantasías como mecanismos libertarios que descolocan a los individuos de sus posiciones acostumbradas en el interior de la estructura social, proyectándonos en una comunidad lúdica que predispone al cuestionamiento de todas las normas y posturas totalizantes: una quiebra simbólica que invoca para la parodia y para el realismo grotesco para revelar lo insensato y lo absurdo de la sensatez instituida: la respuesta creativa a las situaciones de exclusión social. En los textos carnavalizados se da la convergencia de innumerosas contradicciones exaltadas como plural del sentido.
Los discursos carnavalizados no se pueden detener, no pueden ser transformados en fetiches en los estantes de una biblioteca; su movimiento constitutivo es la travesía. Los procesos de sus sentidos constituyen su producto. El texto carnavalizado no se prende a una jerarquía, ni tampoco a una simple segmentación de los géneros. Implica siempre cierta esperanza de los límites que encuentra fuerza de subversión en su naturaleza inclasificable. El discurso carnavalizado se sitúa siempre en el límite de las normas, de las convenciones y de las jerarquías, inclusive se sitúa en el límite de las reglas de enunciación, de legibilidad y de la racionalidad instituida. No existe la censura en la travesía de sus sentidos. La carnavalización de los procesos significativos se realiza en la transgresión de los límites y de las censuras instituidas.
Necesitamos dos tontos y dos bufones medievales para que todos los miedos, todo lo que en la cultura totalitaria nos aterroriza, se tornen grotesco por la ridiculización carnavalesca y el carácter subversivo de la risa, del humor, del polvo en la práctica pública oponiéndose a tono solemne y culpabilizador de la cultura oficial. La cultura carnavalesca permite, así, una visión del mundo y de las relaciones humanas que funcionan como sosias paródicos erotizados del campo simbólico oficial. De cierto modo, estamos ante sosias significativos que nos liberan de cualquier dogmatismo y nos permiten, soportar por la risa situaciones culturales insustentables para el inconsciente. Es la forma de torna soportable y épica una pérdida. Es la risa china delante del juego de Jiang-Quing, es el sentido que sustenta el vínculo folclórico que los mexicanos tienen con la muerte: risa que libera, risa que resuelve en un plano superior la insustentable pesadilla de los miedos tanáticos. En la visión carnavalesca del mundo el hombre consigue reírse (subversivamente) de su propia infelicidad.
El individuo, en la versión carnavalesca del mundo, adquiere un estado de éxtasis erótico que se opone a toda perpetuación, a todo perfeccionamiento y reglamentación, apuntando para un futuro reconocido como incierto.
Los campos simbólicos carnavalescos permiten a los hombres retornar a si mismos, suspendiendo la alienación. Los sentidos carnavalescos pueden ser vinculados a la plaza pública medieval donde se producía un orden simbólico, fruto de un contrato vivo, material y sensible, de un contrato liberado de las normas oficiales como su negación transformadora. De cierto modo, la plaza pública medieval generó momentos festivos sin restricciones, momentos simbólicos opuestos a toda idea de finalización e perfección, y la idea de inmutabilidad de certeza: símbolos dinámicos, mutables, fluctuantes, activos, símbolos impregnados de renovación, de conciencia lúdica y de un profundo sentimiento de la relatividad de las verdades y de las autoridades en el poder. Símbolos también que permiten la degradación y regeneración, por el realismo grotesco, de lo que está socialmente instituido como sublime para ocultar el mundo agonizante. En un universo carnavalizado, el nacimiento de algo nuevo es tan indispensable como la muerte de lo viejo.

4 de octubre de 2009

Manifiesto del surrealismo jurídico: cuatrigésimo tercera entrega

Foucault nos mostró que el poder es operacional, una función difusa que se manifiesta como relación de fuerzas sin unificaciones transcendentes ni totalizaciones globalizantes.
Como una relación de fuerzas los poderes pasan tanto por las fuerzas dominantes como por las dominadas; actúan sobre los cuerpos y los pensamientos de los dominados, pasan por ellos, se apoyan en ellos o en ellos se influencian.
Hablar del poder a partir de Foucault lleva a pensarlo como una acción (sobre otra acción) que puede incitar, normalizar, serializar, desmotivar, descomprometer, disciplinar o robotizar emocionalmente. Todas funciones que nunca serán suficientemente entendidas, considerándolas como efectos lineales de la represión y de la ideología.
El poder más que reprimir o endulzar produce la realidad y la verdad.
La represión y la ideología presuponen siempre un dispositivo productor de la realidad: la producción simbólica de la realidad y de la verdad generan la represión y la ideología y no lo contrario.
Estamos delante de un buen camino para comenzar a reflexionar sobre los poderes de las significaciones y las significaciones de los poderes: componentes inseparables que actúan en el lenguaje para producir la realidad y la verdad. Es a través del lenguaje que el poder se manifiesta como relación de fuerza e interviene sobre los cuerpos produciendo la realidad y la verdad. La maleable homogeneización de la masa social, blanda y manipulable en el grado máximo, depende de la producción semiológica de la realidad.
La forma inicial de la política no es dominación (represión), sino la representación de la realidad. La gran revolución de la sociedad son cambios en la forma de representación de la realidad, alteraciones en los modos de la comunicación simbólica.
Lo que tipifica los radicales cambios de la metamorfosis estereofónica de la representación de lo real es el deslocamiento de la razón como forma hegemónica de la producción simbólica. En su lugar un juego telemático-informático-militar que nos brinda la versión simbólica de un mundo sobre burocratizado, sobre domesticado, sobre militarizado y frenéticamente trivial. Un mundo monótonamente tele erotizado: la tecnología del alma como vector de los poderes de un Estado visiblemente terapéutico y subterráneamente aniquilador.
De hecho, existe una semiosis del poder que produce lo real, dominios de objetos y rituales de verdad. Poderes que se ejercen positivamente sobre la vida, una vida gobernada semiologicamente por los poderes. Estoy profundamente convencido de que la resistencia democrática a los efectos totalitarios de los poderes depende de nuestra capacidad para transgredir los dispositivos semiológicos, el magma de significados que permite la fabricación institucional de la vida y de los sujetos: hombres producidos por un poder poliforme que los encierra en un horizonte uniforme y seriado.
La resistencia democrática basada en la búsqueda de la autonomía del hombre pasa por el rechazo y transgresión del monoformismo semiológico impuesto. Maniobras que buscan rescatar al hombre producido por el poder, desenmascarar las formas simbólicas que buscan promover como normal la imagen de un hombre que es apenas una imposición de los poderes.
Las formas sociales totalitarias dependen de una visión inocente del mundo. Ella está determinada por un magma simbólico que provoca la conversión de las prácticas sociales, la verdad y la ideología en prácticas naturales. No pueden comenzar una práctica de la autonomía sin transgredir esa inocencia semiológica.
Para escapar a la política unidimensional impuesta por el orden social totalitario, para devolver la vida al hombre mutilado por la versión informática del mundo, debemos buscar la transformación radical de nuestra relación con el lenguaje. Necesitamos superar el hombre informatizado a través de lo erótico de lo nuevo. De este modo estaremos comprometidos con la idea del hombre imaginativo, capaz de producir poesía, sueño, delirio y amor. Para esto precisamos encontrar un lenguaje que nos permita la fuga para al frente del orden simbólico impuesto. El lenguaje que se produce sobre la protección del saber es, por estatuto, un lenguaje de repetición: el estereotipo es la figura mayor del poder. El orden totalitario está siempre ligado a la repetición del lenguaje fuera del placer. Resistimos a el, provocando un arrebatamiento semiológico en dirección a lo nuevo, transgrediendo la paz de los sentidos. Siempre que el lugar de donde hablamos se institucionaliza, estamos ante un lenguaje que hace de la vida un intertexto totalitario.
Y se diría que para altera sustancialmente nuestros sistemas de valores y necesidades tenemos que intentar hacer del lenguaje una realidad que no se desfigure en naturaleza. Una realidad semiológica que pase por la autoridad del placer, un leer-soñar el mundo lejos de toda práctica homogénea. Veo en esa voluptuosidad significativa el meollo para cualquier tipo de resistencia ecológica. El sentido hace la vida. Lo viejo hace el estereotipo. Para transgredir el mundo, es necesario transgredir el lenguaje.
Me arriesgo a decir que la aventura transgresiva de los signos se inscribe en las formas lúdicas que hacen de la ambigüedad voluntario una condición para que las emociones despierten en las movilidades de los sentidos. Equivale a decir que la práctica transgresora del lenguaje encuentra en la perturbación erótica de los sentidos una posibilidad de fuga de la alienación que lo simbólico provoca en lo simbólico: la multivocidad de los sentidos transgrediendo la verdad abusiva de todas las posturas unívocas y las mitologías totalizantes.

2 de octubre de 2009

Manifiesto del surrealismo jurídico: cuatrigésimo segunda entrega

La concepción de la democracia, como un orden simbólico, se encuentra comprometida con el proceso de reencuentro del pensamiento con el deseo y el goce de significar.
Hablo aquí del deseo en el mismo sentido que Guattari: todas las formas de voluntad de vivir, amar, crear y de inventar otra sociedad, otra percepción del mundo y sus valores. Hablo de un deseo semioticamente erotizado, de un deseo que no tendrá que ser producido conforme el modelo institucional.
Gran parte de las luchas por la autonomía son luchas significativas: resistencias, deslocamientos e impresiones del poder de las significaciones y de los pensamientos que de el contratamos. Me siento particularmente inclinado a actuar en ese terreno. Hago de mi escritura la práctica de una semiología del deseo: el aprendizaje del carácter inacabado de las fantasías y del goce que nos arrebata y sacude delante de un plural imperfecto de sentidos.
Practicando la semiología del deseo pretendo encontrarme con la sustancia de una postura que, perturbando las formas petrificadas de la cultura instituida, puede indicar el sentido de una revuelta fundamental: la revolución en el pensamiento como fuente de una ruptura positiva de la institución de la sociedad.
Semiología del deseo. Semiología del sueño. Semiología carnavalizada. Semiología surrealista. Nombres brindados como opciones de una práctica de significar que presupone una alteración radical en nuestra relación con el poder y el orden simbólico que lo sustenta.
En la semiología del deseo el lenguaje descansa de los conceptos garantizados, se da un tiempo, toma aliento para buscar la autonomía significativa y transgredir los sentidos petrificados del imaginario social, situándonos así fuera de lugar, al margen de sus determinaciones habituales colocados en el interior de una semiosis surrealista.
De Barthes y de Breton aprendí que la rebelión es creadora por sí. Es la simiente de una práctica simbólica que se reconoce como democrática en el esplendor de una revolución permanente del lenguaje. La fuerza de esa práctica es la autonomía: el gesto permanentemente instituyente que se abre a lo nuevo, aceptando que la significación es la obra de una sociedad que acata a la ley, que crea sin necesidad de fundamentarla, a través de fantasías perfectas que niegan la imprevisibilidad de los deseos y sus pensamientos.
La autonomía social depende de una práctica simbólica que se acepta como fruto de una auto-institución antagónica, inacabada y procesal de la sociedad.
Condensando, en términos semiológicos, la propuesta surrealista, diría que ella puede ser mostrada como una tentativa de deslocamiento de nuestra relación con la palabra, su poder y efectos ideológicos: una concepción del lenguaje, del saber, de la escritura y su lectura, que propone la producción, circulación y consumo de un código trasgresor: la ruptura simbólica del tiempo instituido.
Podría hablar, también, de una concepción democrática de la significación en la medida en que pienso el totalitarismo y la democracia como dos formas contrapuestas del acontecer simbólico, de la semiotización de la realidad. En estos términos, la democracia aparece como un código permanentemente trasgresor de una realidad ya dominada (por el trazado de un sentido único) y de un futuro anticipadamente interpretado. Surrealisticamente veo a la democracia como un territorio de significaciones sin garantía que permiten enfrentar la semiosis de la alienación. No se puede olvidar que la lucha por la alienación o por la autonomía del hombre es la que se traba en el orden de lo simbólico poniendo en crisis nuestra relación con el lenguaje.
Ciertamente necesitamos inaugurar un amplio campo de reflexión para intentar entender los modos en que el lenguaje puede ir constituyendo democráticamente lo real, partiendo de las prácticas simbólicas de la sociedad.
Conviene notar aún que no estoy intentando hablar del sentido como principio u origen, y si como producto o resultado. Los sentidos no se revelan ni se descubren: se producen como ficciones que hacen funcionar el mundo, manifestando la realidad como discurso y la teoría como sueño.
Podría decir que, cuando se busca comprender las prácticas simbólicas democráticas, resulta imprescindible comenzar por la interrogación sobre las condiciones de producción de lo nuevo como sentido: simbolizar de otro modo para transgredir los mecanismos de los poderes que ya actúan en el interior del lenguaje y en sus prácticas institucionales.

1 de octubre de 2009

Manifiesto del surrealismo jurídico: cuatrigésimo primera entrega

La razón humana parece tener una constante militancia contra la riqueza y variedad del mundo, resiste temerosamente a cualquier tipo de polifonía, buscando ansiosamente un principio unitario. En nombre de esa búsqueda surge la verdad, la objetividad, las esencias, las sustancias, esto es, la fe racional en que nunca fue percibido. Es la fe de los hombres de ciencia tan exigentes con los milagros populares.
Antes de eso, los profesores imponen los códigos aprendidos, enseñando a guardar la compostura antes del saber, antes de los libros eruditos, enseñándonos a resguardarnos en una indiferencia salvadora. Con ellos aprendemos la manipulación de una distancia que evite las zonas peligrosas donde el pensamiento se enfrenta a si mismo como obstáculo.
Con tantas prudencias se aniquila la diferencia, la respiración de las significaciones, su erotismo. Pura pornografía significativa por la posesión de una sabiduría a descifrar, mera sabiduría a lamentar.
En cambio, el surrealismo permite pensar el saber, los libros, las aulas como instrumentos disparados al lector, al alumno, para que el los multiplique en el vértigo de su identidad. De esta manera, las palabras son eróticamente ofrecidas, no más como plenitudes unívocas, sino como diseños de un imaginario devuelto al ritmo vibrante de la vida.
El valor erótico de un texto, para el surrealismo, no depende de su desciframiento. Tiene valor en la medida en que permite el reconocimiento que el lector hace de sí mismo, de sus deseos y de los desesperos del mundo. El valor erótico de un texto depende de que cada receptor pueda reconocerse como un lector de sí mismo. Entiendo que alguien es lector de sí mismo cuando adquiere la capacidad de efectuar interrogaciones dirigidas a su propio placer.
Todo texto, que puede ser caracterizado como erótico, presenta cierto coeficiente de autonomía, invitando a huir de la alienación. Yo decía hace poco al respecto de la autonomía, que ella precisa ser semiológicamente interpretada, como un proceso de resistencia al poder alienante de las palabras. En ese sentido, se resiste a la alienación multiplicando a las significaciones petrificadas, volviendo creativo el discurso ofrecido a una identificación ociosa y desbordando, utópicamente, las verdades contratadas.
Si la alienación es pornografía semiológica, la autonomía es su resistencia erótica. La autonomía sería ese viaje que permite desembarcar en una tierra libre de perfecciones significaciones: la escritura carnavalizada. Ella contiene la fuerza de huir infinitamente, de transgredir los sentidos congelados del imaginario instituido. Un modo de tomar distancia para revelar el carácter significativamente pornográfico de la construcción simbólica de la sociedad, su naturaleza de la fantasía perfecta.
En otras palabras, la autonomía discursiva permite aceptar el carácter inacabado de las fantasías significativas y abrirlas a un plural imperfecto de sentidos. De eso resulta que la autonomía discursiva ayuda a cuestionar el poder inserto en un magma de significaciones imaginarias, instituidas socialmente. Sería un discurso de resistencia al poder de las significaciones.
Barthes me enseñó a percibir el poder que reside en la significación. Me muestra que existe un tipo de poder que debe ser visto como el parásito del lenguaje. A partir de Barthes pude distinguir con cierta claridad el poder de las significaciones y las significaciones del poder. Fue una distinción bastante importante para mí. Me permitió constatar la existencia de un poder impersonal y anónimo que disciplina la institución de la sociedad y, sobre todo, fabrica los sujetos heterónomos, universa e unívoco, de la institución simbólica de la sociedad. Las actividades de significar, mismo en la intimidad más profunda del hombre, se encuentran al servicio de un poder, pues las connotaciones que las acompañan introducen en el lenguaje una coerción implacable de que obliga a pensar y sentir en conformidad con ellas.
Las significaciones dominantes en una sociedad contienen en ellas mismas un poder que precisa ser diferenciado del poder que se hace oír en el discurso de todo poder, y que yo llamaría de significados del poder, vale decir, de los significados que instrumentan las prácticas del poder.
A mi manera de ver, el poder del significado nos coloca delante del poder como categoría discursiva; delante del hombre frustrado por una significación. Es la fuerza alienante de la significación que pone en escena un sistema sagrado de representación. Ella impide la relación de pensamiento con el deseo y el gusto de significar. La voz de la alienación: un modo de jactancia y servidumbre presenta en la producción simbólica de la subjetividad y de la realidad. Una tarea de metabolización semiótica que amarra a los deseos un patrimonio común de certezas prestadas. Se instaura, así, un pacto de intercambio basado en el peso psicológico del Occidente, destinado a disciplinar, heteronomamente, el deseo y otorgar a la forma de sociedad una densidad totalitaria.
Cuando hablo del poder del significado, estoy pensando en el control del deseo por el discurso.
La actividad del pensamiento queda, entonces, reducida a una función sin proyecto, pensamientos de una mente que no piensa, pensamientos dependientes de un saber que pierde la forma de un discurso productivo para asumir al de un código rígido, que prohíbe pensar más allá de sus determinaciones.
Atendiendo al poder de las significaciones podemos percibir un espacio social construido a partir de un eco de voces que se mantienen como soportes de una idealización obligatoria, unívoca y extrema. Un espacio social donde el hombre es impedido de participar de los procesos de pensamiento y de la formación colectiva del deseo que depende de su inscripción en cuadros simbólicos institucionalmente controlables. Es el poder que provoca la indiferenciación del deseo. Es el poder que niega el carácter, originariamente, imprevisible, del deseo. En el dominio de esa imprevisibilidad es que se puede pensar la cuestión de la autonomía. Luchemos a favor de ella actuando declaradamente contra el poder de las significaciones.

30 de septiembre de 2009

Manifiesto del surrealismo jurídico: cuatrigésima entrega

La pedagogía surrealista tiene que ser, en muchos aspectos, consecuencia de un imaginario carnavalizado. La recíproca también es verdadera: la teoría de la carnavalización literaria muestra mucho, a las claras, a los vínculos que la unen al surrealismo.
Existen fuertes coincidencias entre los puntos de vista de Bakhtin y de Breton en cuando a las funciones del lenguaje y de la literatura. Las escrituras surrealistas y carnavalizadas pretenden ser propuestas expresivas situadas fuera de la literatura y en comunicación con la vida. Ambas muestran que el escritor no es un ser excepcional apartado de la generalidad de los mortales y de su cotidianeidad. En las dos propuestas el texto y la vida no cesan de comunicarse; de fecundarse mutuamente; la irrigación se efectúa permanentemente en ambos sentidos y actualiza una dialéctica poco frecuente a los ojos de los escritores y críticos profesionales.
De esta manera, pueden adquirir todo su sentido como muelles vitales que impulsan los lectores al futuro que les pertenece. Estamos delante de textos que requieren un tipo nada convencional de lectura. Para Breton y Bakhtin el leer no es una actividad separada del mundo. Los textos no pueden estar fuera de la vida de los que leen. Así, ambos proponen una actividad de lectura distante del mezquino afán de los archivos, de las bibliotecas, de los santuarios para las palabras: un lugar donde los libros son reverenciados por su contemplación y análisis; libros acuartelados para hacer de ellos polvo y olvido. Libros para especialistas. Estudios disciplinados que siempre se detienen en el límite donde los textos se hacen interesantes: el punto en que la escritura nos regresa al enigma, el lenguaje calla y el mundo nos desampara.
El surrealismo, como movimiento organizado, nació de una operación de gran envergadura concerniente al lenguaje. Desde “Les nas perdus” la reflexión lingüística antecede a la poesía. La experiencia surrealista consiste en volver a escribir el secreto de un lenguaje cuyos elementos dejaran de comportarse como restos de un naufragio en la superficie de un mar muerto. La experiencia surrealista sustrae al lenguaje de su uso utilitario liberando a su potencialidad, volviéndolo a su naturaleza de materia prima. Breton se atribuye la tarea de saltar directamente a la fuente del significado. Para Breton, cambiar completamente el mundo del pensamiento supone una revolución en el orden del lenguaje.
La crítica que el primer manifiesto dirige contra el romance participa de un proceso general, abierto por Breton, contra el espíritu realista. Este rechaza la riqueza de la imaginación proporcionándonos un exceso de momentos anestesiados que privan al lector del espectáculo de una libertad verdaderamente en acción. Quien lee queda delante de una demostración, cuyos términos y postulados le fueron impuestos. Para Breton, el destino de la literatura pasa por su posibilidad de renunciar a las pretensiones de ilustrar teorías, yendo más adelante en la exaltación de la afectividad. La buena literatura, para los surrealistas, es aquella que tiene la posibilidad de conmover, que consigue convulsionar la sensibilidad permitiendo al lector percibir su propia existencia y su vínculo con el mundo: una bruma de sentidos que perturba el “impasse” cotidiano, como en un ambiente onírico. No existe información fructífera si ella no es perturbada por la poesía. Este es un principio de la pedagogía surrealista que se niega a utilizar la sala de aula como un lugar de reproducción de informaciones sin fuerza para transformar la sensibilidad. Aulas que producen textos sin potencia de vida y sin ninguna gota de erotismo.
Juristas y profesores frecuentemente retratan la realidad del Derecho prohibiéndose mostrar cualquier imperfección. Construyen, de esa forma, una realidad pornográfica, pues tienen la perfección de una fantasía. Una ética y una política utópica implican un erotismo que se confunde con la univocidad pornográfica de los significados.
La pornografía significativa constituye la realidad ocultando los absurdos embutidos en las estructuras y relaciones “sensatas” de nuestro cotidianeidad. Erotizando las significaciones, habrá la oportunidad de revelar los absurdos ignorados como sensatez. Estamos delante de actos inaugurales de procesos de transformación de lo real: nuevos mundos que surgen del descongelamiento de un hechizo llamado realidad incuestionable, un sistema de connotaciones institucionalmente amarradas.

29 de septiembre de 2009

Manifiesto del surrealismo jurídico: trigésimo novena entrega

Los romances carnavalizados pueden ser reconocidos como textos poéticos que no dispensan las convicciones surrealistas.
Todo texto que tenga como característica la carnavalización presenta cierto coeficiente de marginalidad, no se encuadra en el modelo recibido de la literatura. Demasiadas cosas están en juego para que las normas y valores que determinan los géneros, literarios y poéticos, puedan encontrar allí su lugar. Los textos carnavalizados son inclasificables, por esa razón son surrealistas: irreductibles a las reglas y criterios que fueron formando la historia oficial de las expresiones poéticas. Son textos que no se encuadran en ningún género, ni responden a la inverosimil ambición de pretender alcanzar la verdad atemporal de la obra.
Por sobre la necesidad de la interpretación de los textos, se exalta la posibilidad de amarlos para vincularlos a la inteligibilidad de su destino. Se propone un vínculo de amor y un compromiso vital. Obsesivas necesidades informativas son, así, relegadas a un segundo plano. En estos escenarios textuales importa más la transmisión de vida que la transmisión informativa.
Para vincularse a un texto carnavalizado, es preciso romper el envase de los géneros y de los hábitos del pensamiento, ni que sea para intentar poseer por lo menos el derecho de ver el mundo y la cultura como en un sueño. La profundidad de estos textos reposa mas en la intensidad que ellos emana, para transformar la sensibilidad, de lo que en los intrincados itinerarios de un orden conceptual. Un discurso carnavalizado no fundamenta la profundidad de su mensaje en la coherencia interna de sus elementos. Se encuentra fundado en los enigmáticos confines de los mecanismos identificatorios: una conquista del proceso de creación en el interior de un texto al que nos fuimos adhiriendo, emocionalmente, para intervenir en el orden del mundo, hasta perdernos en lo indefinido.
La carnavalización es un estado de espíritu y no un género literario. Vale decir, el estado de espíritu transgresor realizado, como en un sueño, por la fuerza del deseo, para provocar deslocamientos expresivos. Desde Descartes todo el mundo sabe que no se puede reconstruir más donde fue efectuada una experiencia de deconstrucción; una experiencia donde la exploración de las ideas precisa ser hecha fuera de los lugares y de las fórmulas consagradas, en la marginalidad de los géneros. Constituyen, por consiguiente, modos extraños y vibrantes de representar las cosas del mundo: visiones inesperadas que rompen, con sus significados, los lugares comunes que, como un murmurio de abejas, solo en la cabeza de muchos – inclusive profesores y científicos sociales.
Lo carnaval es, originariamente, un espectáculo sin pasarelas. No existen separaciones entre actores y espectadores. Todos convergen, en el acto carnavalizado, ejercitando lo plural de la fantasía.
Cuando hablo del sueño surrealista como posibilidad didáctica, me encuentro fuertemente influenciado por las posibilidades de la imaginación carnavalizada. Pienso en las bondades de una sala de aula convertida en un espectáculo sin pasarela. Un lugar donde no existe más separación entre la voz del profesor y los oídos anestesiados de los alumnos. Todos protagonizando la comprensión de sus vínculos con la vida, en lo plural de lo fantástico.
La imaginación carnavalizada establece también una distancia enriquecedora con relación al papel que juega el imaginario cientificista en la producción imaginaria de lo real. El cientificismo, entre otras cosas, se presenta como la negación del plural de la praxis y del saber singularizado, políticamente, en los lenguajes de las ciencias sociales y en la mentalidad que, silenciosamente, trabaja para producirlas. Es la ideología operando como gramática de producción y reconocimiento del saber. En esa dirección, desideologizar y tomar conciencia del carácter mítico y de las funciones fetichizadas de la idea de unidad de lo real y univocidad de la verdad. Estoy hablando de la carnavalización como estrategia desalienadora: un proceso que provoca el descentramiento constante de las verdades, que las sitúa fuera del lugar que la lógica les atribuye. Carnavalizar es arrojar todo fuera del lugar que el buen orden de las instituciones determina. Esto es fundamental para entender las posibilidades de la enseñanza surrealista del Derecho.

28 de septiembre de 2009

Manifiesto del surrealismo jurídico: trigésimo octava entrega

El surrealismo, como una comprensión carnavalizada del mundo, reintroduciría el valor de las ilusiones y metáforas desterradas por la hiper realidad de la posmodernidad. Es lo surreal contestando a lo hiper real, esto es, un mundo donde lo fantástico es solo una copia dorada de nuestro universo cotidiano. Lo surreal, por lo contrario, es siempre una fantasía trascendente, una fantasía que permite realizar nuestras utopías interiores.
Lo fantástico surrealista constituye eróticamente la realidad para transformar nuestra vida en una obra de arte. Los surrealistas no están fundamentalmente preocupados por la transformación del arte en acción o acontecimiento. Su principal objetivo es el de proporcionar un sentido poético a la vida cotidiana. La fusión surrealista entre el arte y la vida revela una preocupación por la vida y no una estrategia de revitalización del arte. Juntando al arte con la vida los surrealistas intentan enriquecer nuestras emociones y no la poesía. En ese sentido se encamina mi propuesta de la poesía con la intención de enriquecer poéticamente la vida de los alumnos.
A mi manera de ver, el surrealismo sirve a los procesos de afirmación de la autonomía, introduciendo una concepción de la razón que amplía, eróticamente, sus horizontes.
En el surrealismo los conceptos pierden su estatuto de abstracción y las representaciones, su estatuto imaginario. Los acontecimientos hacen vibrar a la razón. El concepto deja de ser globalizante en sí mismo, su significación varía en función de sus relaciones con la vida. Se trata de una razón aireada, expuesta al aire libre del mundo y de la acción comunicativa.
La razón surrealista no busca la producción de textos, en cuyo interior los sentidos se organicen, para provocar una construcción coherente y cerrada en si misma, una construcción que deja la impresión de que todo estará siempre bajo control. La razón surrealista no acepta que los sentidos residan en el interior de los textos. Para los surrealistas, los sentidos dependen también de la moral y de las pasiones. Ellos no pueden depender solo de una conceptualización instrumental. No podemos comprender la vida a través de conceptos insensibles.
Para relacionarse con los textos carnavalizados, el surrealista debe intentar encontrar el secreto de la lectura erótica: ella nos sumerge en la exaltadora vida del imaginario, para proporcionarnos las armas de la independencia.
La lectura erótica desvía los signos de su sentido acostumbrado, crea un universo de sentidos inesperados que sensibilizan nuestro espíritu para la percepción del nuevo. Toda idea nueva (inclusive las hipótesis científicas) es hija de la sorpresa, depende de una lectura erótica del mundo. En efecto, no puede surgir ninguna idea desconocida cuando se emplean los procedimientos habituales del pensamiento.
La historia no se hace por el conformismo. Ella depende de la creación de lo nuevo.
Es lamentable el modo en que la enseñanza tradicional deserotiza el mundo que muestra: la invariable limpidez de una forma esquelética hecha de símbolos unívocos y pretendidos valores universales. Es la alienación tomando cuenta de las palabras didácticas para amarrarlas con valores utilitarios y esperanzas de verificación. Estamos delante de un puro sentido ideológico en la medida en que sus significaciones se hacen verdaderas por estar limitadas por normas que les confieren, imaginariamente, el efecto de una referencia unívoca. El erotismo semiológico difiere de esa actitud porque construyó su significado transgrediendo todas las normas que limitan nuestras posibilidades expresivas. Se trata de transgresiones que poseen el don de multiplicar sentidos, colocando a disposición de los interlocutores un abanico fastuoso de interrogantes y alternativas.
Los textos unívocos provocan el efecto de un lenguaje naturalista que termina dejando el amargo sabor de un mundo vacío. Los textos carnavalizados o surrealistas, por el contrario, crean un clima vital, un devenir incesante de nuevos puntos de vista.
El mundo solo se transforma a partir de nuevas perspectivas significativas que van alterando lo que, culturalmente, se va instituyendo como realidad.

22 de septiembre de 2009

Manifiesto del surrealismo jurídico: trigésimo séptima entrega

Considero mi libro “La ciencia Jurídica y sus dos maridos” como el embrión de este manifiesto. El “carro-chefe” de este texto fue la noción de la carnavalización. Con ella Bakhtin enriqueció la crítica literaria revelando los dispositivos discursivos más visceralmente comprometidos con las dimensiones simbólicas de la política.
Un lenguaje sin reservar, profundamente erotizado, que hace de la literatura una dimensión del espacio público. Me estoy refiriendo al espacio público como lugar de producción colectiva del deseo y de las significaciones. Un lugar donde el ejercicio de los poderes se enfrenta con las fuerzas que lo resisten.
Cuando se habla de la carnavalización se quiere hacer, sobre todo, referencia a un determinado tipo de imaginario: el imaginario carnavalizado, que no es otra cosa que una imaginación surrealista. Una tentativa de ilimitar al lenguaje.
El imaginario carnavalizado produce siempre sorpresas en las significaciones.
Otorga a los acontecimientos los datos que recibe de los sentidos efectos y articulaciones inesperadas. Es imaginar, por ejemplo, que en el infierno una gota de sudor de un condenado, cayendo sobre un candelabro de bronce, lo derrite. En fin, un imaginario que organiza sus significaciones al margen de la pertinencia que los códigos consagran, vale decir, de las homogeneidades que hacen de los sentidos una lengua: sentidos que no son interiores a los códigos, pero sin que sus ambigüedades constitutivas alcancen un nivel intolerable.
Estoy hablando de un imaginario productor y no consumista, privilegiando la instancia de producción en la instancia de reconocimiento de las significaciones. Esto es: empleando una gramática de reconocimiento de los sentidos que siempre le acrecientan un “plus” de significación al reconocerlos. Se solicita, de esta manera, una práctica social permanentemente productora de suplementos de significaciones. En la univocidad de los sentidos el hombre no encuentra nunca una visión crítica de la sociedad. El discurso nítido se encuentra permanentemente amenazado por la estereotipación. Es una amenaza constante a la reflexión. Brinda una significación de constreñimiento.
La carnavalización es una permanente provocación al imaginario del hombre. Provocando el imaginario es que se lo desaliena. Es una provocación basada en la propuesta de un espacio lúdico de lectura del mundo y sus discursos. Y ese espacio lúdico tiene un enorme valor pedagógico en la medida en que descaracteriza el saber y el poder relativizándolos constantemente. Existe, así, la posibilidad de la pluralización de los sujetos que entran en diálogo con las significaciones, para tornarse protagonistas y no más espectadores del discurso.
Todos nos consideramos, cotidianamente, en la existencia de lo real. En el fondo, un producto del excesivo valor utilitario que los hábitos del imaginario colectivo depositaran en los signos del lenguaje. La realidad no es otra cosa que una dimensión del imaginario social. Es un producto de la cultura. Otro tanto podría decirse de la verdad. En ese sentido, la realidad es el producto de la institucionalización de algunos hábitos imaginativos. Estamos delante de un conglomerado de ficciones que establecen inconscientes barreras a nuestra capacidad de soñar. Es la realidad como límite. Es una realidad que niega el erotismo de las significaciones, que niega nuestra capacidad de relacionarnos con las verdades a través de ella.
En el fondo, estoy predicando una vuelta al mundo griego donde las verdades dependían de Eros, la libertad, del autocontrol, y la belleza, de una estética de la vida.

19 de septiembre de 2009

Manifiesto del surrealismo jurídico: trigésimo quinta entrega

La razón comunicativa se encuentra comprometida con la formación no modelada de la subjetividad y con los espacios de resistencia a los modos disciplinadores de producción o supresión de subjetividad. Las palabras que pronuncio encuentran su sentido en mis vínculos con los otros, en la relación entre las condiciones de producción y recepción de los mensajes.
De esta manera, se puede pensar en el ejercicio de una razón crítica que permita liberar la fuerza que aumente la autonomía del hombre y rechace los procesos por los cuales las relaciones entre personas son transformadas en relaciones entre cosas. La razón comunicativa como razón surrealista: la razón del deseo. La razón como resistencia a la alienación.
La tarea de una crítica del poder y de la violencia puede ser definida como la presentación de sus relaciones con las instancias represivas y las instancias de autonomía de la sociedad. La esfera de tales relaciones es designada por los conceptos de totalitarismo y democracia.
En ese sentido, el totalitarismo puede ser mostrado como las instancias culturales donde se prohíbe pensar lo prohibido para crear institucionalmente una subjetividad que va tornándose poco a poco evanescente. Un mundo cultural mucho más preocupado con la abolición del pensamiento que con su alienación. Hombres sin deseos, que van consumiendo, consumiendo, hasta consumir su propia vida.
En lo que concierne a la democracia, esbozo a su tendencia significativa, en oposición al totalitarismo. Frente a el, la democracia me aparece como la sombra de todos los momentos que lo resisten. Veo a la democracia como una pragmática de resistencia, o si usted prefiere, querido lector, como una política de afirmación de algunas instancias de autonomía. Represión y autonomía, un binomio que se retroalimenta imponiéndose, recíprocamente, limites.
De esta manera, estoy intentando apartarme de las conceptuaciones románticas, idealizantes y jurídicas de la democracia; intento verla como un proceso dinámico que va encontrando sus significaciones, en cada momento de la historia, con la imposición de ciertos límites al totalitarismo. De modo más drástico, diría que estoy sugiriendo reducir el sentido de la democracia al propio gesto de imposición de límites al totalitarismo.
No existen sentidos ideales de democracia. Existen procesos de afirmación de autonomía frente a un orden cultural refinadamente totalitario.
Entretanto, preciso advertir que no estoy hablando de límites como haría un jurista clásico. No se trata de imponer límites amparando la violencia en las reglas del Derecho. No estoy pensando en ninguna manifestación mítica del poder. Pienso en un nuevo paradigma de vida, donde la violencia y el poder no graviten, míticamente, en la determinación de nuestros valores y necesidades.
Cuando los juristas identifican, acompañando el pensamiento kelseniano, el Estado y el Derecho, suprimen la vida privada, delegando a los órganos encargados de producir las significaciones jurídicas, el poder absoluto, para leer la historia de las normas jurídicas. Así, el Estado adquiere el monopolio de la memoria jurídica y provoca la purificación de la memoria colectiva sobre el pasado y el presente de las normas. Ciertamente, controlándose el pasado y el presente de las normas, se controla también el pasado y el futuro de la sociedad. De ese modo, resulta difícil aceptar que la democracia se realice reconociendo a los órganos encargados de la producción de los significados jurídicos, como la única instancia habilitada para reescribir la historia de la ley. Una historia “pura”, que es siempre una historia elaborada por el deseo del olvido: las normas son válidas si pertenecieren a un sistema sin memoria, que en su totalidad es eficaz.