17 de abril de 2014

El gran "Gabo" García Márquez


García Márquez, un narrador natural


Por Rafael Narbona



Los escritores que nos fascinaron en la juventud siempre corren el riesgo de defraudarnos en la madurez. No es el caso de Gabriel García Márquez, que soporta el paso del tiempo con la imperturbabilidad de los clásicos. Esa cualidad solo aparece cuando una obra trasciende su época y nos proporciona las claves para interpretar nuestro presente. Se tiende a destacar las innovaciones estéticas de García Márquez, uno de los autores esenciales del "boom" de la literatura latinoamericana y uno de los máximos exponentes del "realismo mágico", pero la fórmula que cristalizó en Cien años de soledad (1967) y que ya se había esbozado en cuentos y novelas breves (La hojarasca, 1955; El coronel no tiene quien le escriba, 1961; La mala hora, 1962; Los funerales de la Mamá Grande, 1962), no brota de la nada, sino de una síntesis apasionada de los orbes narrativos de Faulkner, Joyce, Hemingway, Malcolm Lowry y Juan Rulfo. Carpentier, Lezama Lima y el Valle-Inclán de Tirano Banderas le enseñaron a combinar el barroquismo con lo mágico, lo irracional y lo prodigioso. El barroquismo es una pirueta del lenguaje que solo adquiere consistencia cuando rompe las costuras la razón, recuperando los aspectos del "pensamiento salvaje". Para García Márquez, no hay un pensamiento primitivo, sino una visión integradora que reconcilia la evidencia y el misterio, lo inmediato y lo improbable, la historiografía y la fábula mitológica.

García Márquez nunca ha ocultado su deuda con Rulfo, que le mostró la importancia de lo mítico y lo telúrico en un continente, donde la racionalidad europea no ha logrado borrar un imaginario popular reacio a establecer fronteras entre lo real y lo posible. Hemingway no resultó menos influyente, pues le enseñó a imprimir fluidez y agilidad en el relato, neutralizando los excesos retóricos. Faulkner le proporcionó la idea de construir un territorio ficticio, pero con la fuerza simbólica de un cosmos. Macondo no es un universo alternativo, sino una recreación del mundo. De hecho, su historia posee un Génesis y un Apocalipsis, que dibujan la peripecia de una humanidad dividida entre el nihilismo y lo utópico. Lo "real maravilloso" no es una ocurrencia, sino una llave hermenéutica que ensancha nuestra percepción de las cosas. Se atribuye a García Márquez un "deicidio", pero yo creo que sería más correcto hablar de una ontología fundamental.

Cien años de soledad no debe abordarse como una simple lectura, sino como una vivencia que nos obliga a reeducar nuestros sentidos y a revisar nuestras convicciones. En Macondo, coinciden los vivos y los muertos, se realizan profecías tan ineluctables como las advertencias de Casandra o se producen levitaciones que escarnecen la ley de la gravedad, pero lo verdaderamente asombroso no se halla en el ultraje de nuestras expectativas racionales, sino en lo pequeño e insignificante. Un imán, la lupa o el hielo son objetos cotidianos, pero su capacidad de alterar la realidad es una poderosa objeción contra el absolutismo de la Razón. El insomnio, la lluvia inacabable y el olvido son fenómenos que impugnan el pensamiento científico y racional, obligándonos a reelaborar y reinventar el lenguaje. Las palabras solo tienen un poder denotativo, pero resbalan por la superficie de lo real, sin lograr captar su esencia. La ontología fundamental de García Márquez se parece a la filosofía primera de Aristóteles o Heidegger, que nunca atribuyó al signo la capacidad de usurpar los objetos representados. La escritura se limita a nombrar, merodear, especular, soñar, divagar. Eso es todo. No hay deicidio, sino impotencia creadora.

La política siempre ha ocupado un lugar central en la obra de García Márquez. En Macondo, el imperialismo se disfraza de modernidad, con la aparición de la United Fruit Company, una bananera que explota y esquilma la región, barriendo las protestas de los peones con "ráfagas de metralla". No se ha escrito mucho sobre este episodio de Cien años de soledad, que reproduce un hecho real. En 1928, el ejército colombiano disparó contra una manifestación convocada para luchar contra las inhumanas condiciones de trabajo en la United Fruit Company. Los historiadores hablan de 300 trabajadores asesinados, pero algunos testigos presenciales multiplican la cifra por diez. No se trata de un episodio menor de una novela monumental, sino de una verdadera declaración de principios contra el capitalismo y el imperialismo. García Márquez nunca ha retirado su apoyo a la Revolución cubana y no ha escatimado elogios a Fidel Castro. Se ha dicho que al escritor le gusta estar cerca del poder, pero lo cierto es que le confesó a su amigo Plinio Apuleyo Mendoza: "Quiero que el mundo sea socialista y creo que tarde o temprano lo será". Sus viajes a la Unión Soviética y los países del Este le produjeron cierto desengaño, pero nunca le desvió de sus convicciones. Sería grotesco afirmar que El otoño del patriarca(1975) podría servir como retrato Fidel Castro, pues el protagonista es un anciano general impuesto por Estados Unidos después de un golpe de estado.

Desde mi punto de vista, es la novela más perfecta de García Márquez, con su estilo arduo y hermético, que evoca las audacias de Lezama Lima, intentando condensar el mundo en una indescifrable metáfora. La soledad del patriarca es una especie de ejercicio teológico sobre el poder político. El viejo general solo es una marioneta, un fetiche, un mandarín, que confunde la brutalidad con el poder, sin entender que su crueldad le convierte en un monstruo trágicamente escindido de sus semejantes. Algunos han señalado que García Márquez también mantuvo relaciones cordiales con Bill Clinton, pero en una entrevista que le realizó Jon Lee Anderson declaró: "Todo ha cambiado desde Kosovo. [...] Con Kosovo Clinton ha encontrado el legado político que quiere dejar tras de sí: el modelo imperial norteamericano".

El Simón Bolívar que García Márquez recreó en El general en su laberinto(1989) no está muy alejado del Hugo Chávez que entrevistó en 1999 durante un vuelo entre La Habana y Caracas. En El enigma de los dos Chávez, escribió: "A medida que me contaba su vida iba yo descubriendo una personalidad que no correspondía para nada con la imagen de déspota que teníamos formada a través de los medios. [...] Tiene un gran sentido del manejo del tiempo y una memoria con algo de sobrenatural, que le permite recitar de memoria poemas de Neruda o Whitman, y páginas enteras de Rómulo Gallegos. [...] Desde el primer momento me había dado cuenta de que era un narrador natural". No se me ocurre una definición mejor para García Márquez: "un narrador natural", abocado a transformar todas sus vivencias en literatura, es decir, en verdad, belleza y radicalidad. Es imposible imitar a un creador de esta naturaleza sin fracasar estrepitosamente. Es inaceptable ocultar su pensamiento político, sin incurrir en un fraude. Nos guste o no, Gabo es así y nadie debería manipular o mutilar su legado humano y literario. 


24 de marzo de 2014

La perspectiva del poder - Vaneigem



La perspectiva del poder


 El insignificante significado


Raoul Vaneigem

  
    La historia actual recuerda a ciertos personajes de dibujos animados, a los que una alocada carrera arrastra repentinamente por encima del vacío sin que se den cuenta, de modo que sólo la fuerza de su imaginación les permite flotar a tanta altura; pero cuando se aperciben de ello, caen inmediatamente.

    Al igual que los personajes de Bosustov, el pensamiento actual ha dejado de flotar por la fuerza de su propio espejismo. Lo que antes lo había elevado, hoy lo rebaja. A todo correr se lanza al encuentro de la realidad que lo romperá, la realidad cotidianamente vivida.


   ¿La lucidez que se anuncia posee una esencia nueva? No lo creo. La exigencia de una luz más viva sigue emanando de la vida cotidiana, de la necesidad, percibida por todos, de armonizar su ritmo de paseante y la marcha del mundo. Contienen más verdades las veinticuatro horas de la vida de un hombre que todas las filosofías. Ni un filósofo consigue ignorarlo, por más menosprecio con que se trate; y este menosprecio se lo enseña la consolación de la filosofía. A fuerza de girar sobre sí mismo, aupándose sobre sus hombros para lanzar más alto su mensaje al mundo, el filósofo acaba por captar este mundo al revés; y todos los seres y todas las cosas se encuentran al revés, cabeza abajo, para persuadirlo de que él es quien se encuentra de pie, en buena posición. No obstante permanece en el centro de su delirio; no comprenderlo sólo sirve para hacer más incómodo su delirio.

   Los moralistas de los siglos XVI y XVII reinan sobre un amasijo de banalidades, pero su cuidado por disimularlo es tan grande que edifican en torno a aquéllas todo un palacio de yeso y especulaciones. Un palacio ideal abriga y aprisiona la experiencia vivida. De ahí surge una fuerza de convicción y de sinceridad que el tono sublime y la ficción del “hombre universal” reaniman, pero con un perpetuo aliento de angustia. El analista se esfuerza por escapar de la esclerosis gradual de la existencia mediante una profundidad esencial; y cuanto más se abstrae de sí mismo, expresándose según la imaginación dominante de su siglo (el espejismo feudal en el que se unen indisociablemente Dios, el poder real y el mundo), tanto más su lucidez fotografía el rostro oculto de la vida y tanto más inventa la cotidianeidad.

   La filosofía de la Ilustración acelera el descenso hacia lo concreto a medida que lo concreto es de alguna manera llevado al poder con la burguesía revolucionaria. De las ruinas de Dios, el hombre cae a las ruinas de su propia realidad. ¿Qué ha ocurrido? Más o menos esto: diez mil personas están ahí persuadidas de haber visto elevarse la cuerda del faquir, mientras que otros tantos aparatos fotográficos demuestran que no se ha movido ni una sola pulgada. La objetividad científica denuncia la mistificación. De acuerdo, pero ¿qué muestra? Una cuerda enrollada que no tiene el menor interés. Me siento poco inclinado a escoger entre el placer dudoso de ser engañado y el aburrimiento de contemplar una realidad que no me concierne. Una realidad sobre la que no tengo influencia, ¿no equivale a la vieja mentira renovada, el último estadio de la mistificación?
   Ahora los analistas están en la calle. La lucidez no es su única arma. ¡Su pensamiento ya no corre el peligro de aprisionarse en la falsa realidad de los dioses ni en la falsa realidad de los tecnócratas!

  Las creencias religiosas ocultaban el hombre a sí mismo, su bastilla los encerraba en un mundo piramidal en el que Dios era la cumbre y el rey la altura. Ojalá hubiera aparecido en el 14 de Julio suficiente libertad sobre las ruinas del poder unitario para impedir que las propias ruinas construyeran una prisión. Bajo el velo lacerado de las supersticiones no apareció, como soñaba Meslier, la verdad desnuda, sino la liga viscosa de las ideologías. Los prisioneros del poder parcelario no tienen más recurso contra la tiranía que la sombra de la libertad.

   Ni un gesto, ni un pensamiento que no se enzarce hoy en la red de los tópicos. La lenta recaída de ínfimos fragmentos salidos del estallido del viejo mito esparce por doquier el polvo de lo sagrado, un polvo que enferma de silicosis el espíritu y la voluntad de vivir. Las presiones han pasado a ser menos ocultas, más groseras, menos poderosas, más numerosas. La docilidad ya no emana de una magia clerical, procede de una multitud de menudas hipnosis: información, cultura, urbanismo, publicidad, sugestiones condicionantes al servicio de todo orden actual y futuro. Es, atado el cuerpo por todas partes, Gulliver, tumbado en la orilla de Liliput, decidido a liberarse, paseando en torno a él su atenta mirada; el menor detalle, la menor aspereza del suelo, el menor movimiento, no hay nada que no revista la importancia de un índice del que dependerá su salvación. En lo familiar nacen las más seguras posibilidades de libertad. ¿Ocurrió alguna vez de manera distinta? El arte, la ética y la filosofía lo demuestran: bajo la corteza de las palabras y de los conceptos, aparece siempre la realidad viva de inadaptación al mundo, agazapada, pronta a saltar. Ya que ni los dioses ni las palabras consiguen hoy cubrirla púdicamente, esa banalidad se pasea desnuda por las estaciones y los solares; se os acerca a cada recoveco de vosotros mismos, os coge por el hombro, por la mirada; y comienza el diálogo. Hay que perderse en ella o salvarla consigo mismo.

    Demasiados cadáveres adornan los caminos del individualismo y del colectivismo. Bajos dos razones aparentemente opuestas reinaba un mismo bandolerismo, una misma opresión del hombre abandonado. Sabemos que la misma mano que sofoca a Lautreámont estrangula a Serguéi Esenin. Uno muere en el apartamento del propietario Jules-François Dupuis, otros se ahorca en un hotel nacionalizado. En todas partes se cumple la ley “no hay un arma de tu voluntad individual que, manejada por otros, no se vuelva inmediatamente contra ti”. Si alguien dice o escribe que ahora conviene sustentar la razón práctica en los derechos del individuo y sólo del individuo, se condena en sus opiniones si no incita inmediatamente a su interlocutor a sustentar por sí mismo la prueba de lo que acaba de decir. Ahora bien, dicha prueba sólo puede ser vivida y empuñada desde dentro. Por ello no hay nada en las notas siguientes que no deba ser experimentado y corregido por la experiencia inmediata de cada cual. Nada tiene tanto valor que no deba ser recomenzado, nada tanta riqueza que no deba ser enriquecido incesantemente.

   De la misma manera que se distingue en la vida privada entre lo que un hombre piensa y dice de sí mismo y lo que es y hace realmente, no hay nadie que no haya aprendido a distinguir entre la fraseología y las pretensiones mesiánicas de los partidos y su organización, sus intereses reales; entre lo que creen ser y lo que son. La ilusión que un hombre mantiene sobre sí mismo y sobre los demás no es básicamente distinta de la ilusión que grupos, clases o partidos alimentan en torno a sí y en sí mismos. Más aún, surgen de una única fuente: las ideas dominantes, que son las ideas de la clase dominante, incluso bajo su forma antagónica.

    El mundo de los ismos que envuelve a toda la humanidad o a cada ser en particular, no es más que un mundo privado de la realidad, una seducción terriblemente real de la mentira. El triple aplastamiento de la Comuna, del movimiento espartaquista y de Kronstadt la roja ha mostrado de una vez por todas a qué baño de sangre conducían tres ideologías de libertad: el liberalismo, el socialismo, el bolchevismo. No obstante, para que sea comprendido y admitido universalmente ha sido necesario que formas bastardas o amalgamadas de estas ideologías vulgaricen su atrocidad inicial mediante costosas demostraciones: los campos de concentración, la Argelia de Lacoste, Budapest. A las grandes ilusiones colectivas, hoy en día exangües a fuerza de haber hecho derramar sangre humana, suceden millares de ideologías parcelarias vendidas por la sociedad de consumo como otras tantas guillotinas portátiles. ¿Será precisa tanta sangre para demostrar que cien mil pinchazos de aguja matan tan certeramente como tres golpes de maza?

   ¿Qué tendría yo que hacer en un grupo de acción que me impusiera dejar en el vestuario no digo algunas ideas -pues serían mis ideas las que me inducirían a unirme al grupo en cuestión- sino los sueños y los deseos de los que jamás me separo, o una voluntad de vivir auténticamente y sin límites? Cambiar de aislamiento, cambiar de monotonía, cambiar de mentira, ¡qué más da! Donde la ilusión se convierte en insoportable. Ahora bien, éstas son las condiciones actuales: la economía no cesa de empujarnos a consumir más y más, a consumir sin tregua; el cambio de ilusión a un ritmo acelerado disuelve poco a poco la ilusión de cambio. Uno se encuentra solo, sin haber cambiado, congelado en el vacío producido por una cascada de gadgets, de Volkswagen y de pocket books.

    Las gentes sin imaginación se fatigan de la importancia conferida al confort, a la cultura, a las diversiones, a lo que destruye la imaginación. Lo cual significa que no se cansan del confort, la cultura o de las diversiones, sino del uso que de ellos se hace y que impide precisamente disfrutarlos.

    El estado de abundancia es un estado de vouyerismo. A cada cual corresponde su caleidoscopio: un ligero movimiento de los dedos y la imagen se transforma. Se gana de todas las maneras: dos frigoríficos, un Dauphine, la televisión, un ascenso, tiempo que perder...Después la monotonía de las imágenes consumidas toma ventaja, nos remite a la monotonía del gesto que las suscita, a la ligera rotación que el pulgar y el índice imprimen al caleidoscopio. No había un Dauphine sino tan sólo una ideología sin relación – o casi- con la máquina automóvil. Atiborrado de “Johnny Walker, el whisky de élite”, se padecía, en extraña mezcla, el efecto del alcohol y de la lucha de clases. Ya no hay nada de que extrañarse, ¡éste es el drama! La monotonía del espectáculo ideológico nos remite ahora a la pasividad de la vida, a la supervivencia.  Más allá de los escándalos prefabricados aparece un escándalo positivo, el de los gestos desprovistos de su sustancia en favor de una ilusión cuyo atractivo perdido hace cada día más odiosa. Gestos fútiles y apagados a fuerza de haber alimentado brillantes compensaciones imaginarias, gestos pauperizados a fuerza de enriquecer elevadas especulaciones donde entraban como criadas para todo, bajo la infamante categoría de trivial y banal, gestos ahora liberados y desfallecientes, dispuestos a extraviarse de nuevo, o a perecer bajo el peso de su debilidad. Helos aquí, en cada uno de vosotros, familiares, tristes, nuevamente entregados a la inmediata y móvil realidad, que es su medio espontáneo. Y contemplaos extraviados y entrampados en un nuevos prosaísmo, en una perspectiva donde lo próximo y lo lejano coincidan.


    Bajo una forma concreta y táctica, el concepto de lucha de clases ha constituido la primera reagrupación de los choques y desajustes vividos individualmente por los hombres; ha nacido del torbellino de sufrimientos que la reducción suscitaba en todas las sociedades industriales. Ha surgido de una voluntad de transformar el mundo y de cambiar la vida.

  Un arma así exigía un perpetuo reajuste. Y, en cambio, ¿no vemos ya como la I Internacional vuelve la espalda a los artistas, basando exclusivamente sobre las reivindicaciones obreras una programa que Marx, sin embargo, había demostrado hasta qué punto interesaba a todos los que buscaban, en su rechazo a ser esclavos, una vida rica y una humanidad total? ¿Acaso Lacenaire, Borel, Büchner, Baudelaire, Hölderlin no significaban también la miseria y su rechazo radical? En cualquier caso, el error reviste proporciones delirantes desde el momento en que, menos de un siglo más tarde, la explotación de la fuerza de trabajo está englobada en la explotación de la creatividad cotidiana. Una misma energía, arrancada al trabajador durante horas de fábrica o sus horas de ocio, hace girar las turbinas del poder, turbinas que los detentores de la vieja teoría lubrifican beatamente con su contestación formal.

   Los que hablan de revolución y de luchas de clases sin referirse explícitamente a la vida cotidiana, sin comprender lo que hay de subversivo en el amor y de positivo en el rechazo de las obligaciones, tienen un cadáver en la boca.
(...)


Fragmento - Tratado del saber vivir para uso de las jóvenes generaciones - 
Raoul Vaneigem
...


19 de marzo de 2014

BAFICI - Buenos Aires 2014 - Gaby Cevallos


la Lengua que se Comió el Gato - Gabriela Coka



El Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (BAFICI) es el Festival de cine independiente más importante de América Latina. Se realiza todos los años durante el mes de Abril en la Ciudad de Buenos Aires. El Festival es organizado por el Ministerio de Cultura del Gobierno de la Ciudad y ésta nueva edición se extiende desde el 2 de abril hasta el día 13 del mismo mes.



Tenemos el honor de informar que una amiga y colaboradora de la Casa Warat Buenos Aires, Gabriela Cevalllos Coka ha sido seleccionada para participar con su cortometraje “La Lengua que se comió el gato” en la sección “Competencia” de ese importante festiva internacional.

Felicitaciones Gaby!








BAFICI - COMPETENCIA DE CORTOS 2014

Jurado: María Alché, Robert Fenz, Ricardo Greene.


Films en competencia:


Ahora es nunca
, de Pablo Acosta Larroca y Nicolás Aponte A. Gutter (Argentina)

Backwards
, de Sol Muñoz y Ana Apontes (Argentina)

Caracoles y diamantes
, de Paola Michaels (Argentina / Colombia)

Groenlandia
, de Lucía Gasconi (Argentina)

Hilda
, de Daniela Goldes (Argentina)

La lengua que se comió el gato
, de Gabriela Coka (Argentina / Ecuador)

Los limpiadores
, de Lucía Cavallotti (Argentina)

Lo que dicen del monte
, de Octávio Tavares yFrancisca Oyaneder (Argentina)

Mala letra
, de Marcos Meconi (Argentina)

Miguelina
, de Pablo Stigliani (Argentina)

No sé María
, de Paula Grinszpan (Argentina)

Numen
, de Natalia Bianchi (Argentina)

Primeras luces, de Joaquín Lucuix (Argentina)

La reina
, de Manuel Abramovich (Argentina)

Rockero Reyes, de Romina Cohn (Argentina)

Salers
, de Fernando Dominguez (Argentina)

Sobre la hora
, de Pablo Fernández (Argentina)

Tornado
, de Ignacio Ceroi (Argentina)

El valle interior, de Alejandro Telémaco Tarraf (Argentina)

Viernes 20:15
, de Agustín Burghi (Argentina)





Proyección de LA LENGUA QUE SE COMIÓ EL GATO:

Sábado 05 / 10.15 hs Village Recoleta Sala 05 (prensa)

Sábado 05 / 23.40 hs Village Recoleta Sala 05

Martes 08 / 14.25 Village Recoleta Sala 05
 

Domingo 13 / 18.50 hs Centro Cultural San Martín 01

 .

10 de marzo de 2014

Raoul Vaneigem



Tratado del saber vivir para uso de las jóvenes generaciones - Fragmento -

Raoul Vaneigem


             No tengo la intención de entregar lo que hay de vivido en este libro a los lectores que no se esfuercen con toda su conciencia en revivirlo. Espero que lo que expongo se pierda y vuelva a aparecer en un movimiento general de los espíritus, de la misma manera que deseo fuertemente que las condiciones presentes se borren de la memoria de los hombres.
          
  El mundo está por rehacer: todos los especialistas de su reacondicionamiento no lograrán impedirlo. Por éstos, a quienes no quiero comprender, mejor no ser comprendido.

             En cuanto a los demás, pido su benevolencia con una humildad que no les pasará inadvertida. Hubiera deseado que un libro como éste fuera accesible a las cabezas menos avezadas a la jerga de las ideas. Espero no haber fracasado más que en un segundo grado. De este caos saldrán algún día fórmulas que se dispararán contra nuestros enemigos. Mientras tanto dejemos que la frase, una y otra vez leída, recorra su camino. La senda hacia la sencillez es la más compleja; aquí especialmente era útil no arrancar a las banalidades las múltiples raíces que permitirán trasplantarlas a otro terreno y cultivarlas en nuestro provecho.

            Nunca he pretendido revelar algo nuevo, lanzar cosas inéditas al mercado de la cultura. Una ínfima corrección de lo esencial tiene más importancia que cien innovaciones accesorias. Sólo es nuevo el sentido de lo corriente que acarrea banalidades.

           Desde que existen los hombres, y leen a Lautréamont, todo está dicho y, en cambio, son pocos quienes han llegado a sacar provecho. Ya que nuestros conocimientos son en sí banales, sólo pueden resultar provechosos a espíritus que no lo sean.

           El mundo moderno debe aprender lo que ya sabe, convertirse en lo que ya es, a través de una inmensa conjuración de obstáculos, por la práctica. Sólo se escapa a la banalidad manipulándola, dominándola, zambulléndola en el sueño, entregándola al placer de la subjetividad. Yo concedo una gran importancia a la subjetividad, pero que nadie me critique antes de haber calculado todas las posibilidades que, en favor de la subjetividad, encierran las condiciones objetivas que el mundo realiza cada día. Todo parte de la subjetividad y nada se detiene en ella. Hoy menos que nunca.

           La lucha de lo subjetivo y de lo que lo corrompe amplía en lo sucesivo los límites de la vieja lucha de clases. La renueva y la agudiza. La toma de partido por la vida es una toma de partido política. No queremos un mundo en el que la garantía de no morir de hambre equivalga al riesgo de morir de aburrimiento.
     
        El hombre de la supervivencia es el hombre torturado por los mecanismos del poder jerarquizado, en una combinación de interferencias, en un caos de técnicas opresivas que sólo esperan para ordenarse la paciente programación de los pensadores programados.
        El hombre de la supervivencia es también el hombre unitario, el hombre del rechazo total. No transcurre un instante sin que cada uno de nosotros no viva contradictoriamente y, en todos los grados de la realidad, padezca el conflicto entre la opresión y la libertad; sin que no sea extrañamente deformado y como apresado al mismo tiempo por dos perspectivas antagónicas: la perspectiva del poder y la perspectiva de la superación.

      Consagrados al análisis de una y otra, las dos partes que componen este Tratado... requerirían ser abordados no sucesivamente, como lo exige la lectura, sino simultáneamente, puesto que la descripción de lo negativo fundamenta el proyecto positivo, y a su vez, el proyecto positivo confirma la negatividad. El mejor orden de un libro es no tenerlo, con el fin de que el lector descubra el suyo.

     Lo que hay de deficiente en la escritura refleja también una deficiencia en el lector en cuanto lector y más aún en cuanto hombre. Si la dosis de aburrimiento que comporta el escribir se traduce en cierto modo en el enojo de leer, esto sólo constituirá un argumento más para denunciar la deficiencia en el vivir. Por lo demás, que la gravedad de los tiempos excuse a la gravedad del tono. La ligereza está siempre más acá o más allá de las palabras. La ironía, aquí, consistirá en no olvidar nunca.


    El tratado...entra en una corriente de agitación de la que se sigue oyendo hablar. Lo que se expone es una simple contribución, entre otras cosas, a la reedificación del movimiento revolucionario internacional. Su importancia no debe escapar a nadie, pues nadie, con el tiempo, escapará a sus conclusiones.



3 de marzo de 2014

Herbert Marcuse





Herbert Marcuse (1898-1979)


Marcuse reformula desde el pensamiento crítico una teoría de la liberación individual y social, de ruptura con los moldes represivos de la cultura burguesa, como expresión humanizada de las ideologías de emancipación social, que la URSS había desvirtuado en las prácticas del proyecto socialista. Marcuse, que se mueve entre los pensamientos de Marx y Freud, denuncia la teoría cultural de Freud por pesimista, y entiende la cultura no como sublimación represiva, sino como la libre expresión del eros, el principio del placer y de la dimensión lúdica. Su visión estuvo estrechamente relacionada con los movimientos generacionales y contraculturales de los años 60.


Para Marcuse, los medios de comunicación y las industrias culturales, así como las expresiones de la publicidad comercial, reproducen y socializan en los valores el sistema dominante y amenazan con eliminar el pensamiento y la crítica. Los efectos de esta orientación mediática crean un escenario de cultural cerrado, 'unidimensional', que propicia una especie de pensamiento único y determina la conducta del individuo en la sociedad. Los medios crean una estructura de dominación, bajo la apariencia de una 'conciencia feliz' que inhibe la posibilidad de cambio hacía la liberación. Los medios de comunicación, a través de un lenguaje informal, no dan explicaciones ni ofrece conceptos, sino que aporta imágenes. Descontextualiza, niega la referencia histórica. Lejos de moverse entre la verdad o la mentira, se limita a imponer un modelo.


Las posiciones y propuestas de Marcuse suscitaron amplias críticas en América y Europa, tanto desde los planteamientos ideológicos conservadores como desde el pensamiento marxista y anarquista.


En 1941 se integró en los servicios secretos del Departamento de Estados norteamericano, guiado por su compromiso político contra los fascismos europeos. Después de la Segunda Guerra Mundial trabajó en el Instituto de Investigaciones sobre Rusia, de la Universidad de Harvard. Regresó a la producción intelectual con la edición de Eros y Civilización (1955) y Marxismo Soviético (1958). 


Dejó la Universidad de Harvard, por discrepancias de la dirección con sus trabajos, y, en 1958, comenzó a impartir docencia en la Brandeis University, que también abandonó, en 1964, tras la publicación de El hombre unidimensional. Ingresa entonces en la californiana Universidad de Berkeley, que pasaba por ser la más liberal de los Estados Unidos. Allí se convierte en el referente ideológico de los movimientos estudiantiles. 

En los últimos tiempos de su vida regresó a Alemania, donde falleció en Stamberg en 1979.



Biografía

Nació en 1898 en Berlín, Alemania. Sirvió en el ejército germano en la Primera Guerra Mundial. Estudió en la Universidad de Friburgo, donde se doctoró en Literatura en 1922. Seis años más tarde volvió a la Universidad para estudiar Filosofía con Martin Heidegger, que dirigió su tesis sobre Hegel. En 1933 se trasladó a Francfort, para trabajar en el Institut Sozialforschung, identificándose con los proyectos interdisciplinares del instituto, con el desarrollo de la teoría crítica, cerca de figuras como Horkheimer y Adorno. En 1934, su condición radical y el origen familiar judío le llevó a huir del nazismo, exiliándose en los Estados Unidos, donde se reencontraron los pensadores del Institut, dando vida en la Universidad de Columbia a la Escuela de Francfort. Allí, durante una década, trabajó en la divulgación del pensamiento dialéctico en los Estados Unidos, con una significativa influencia en el espacio académico.


En 1941 se integró en los servicios secretos del Departamento de Estados norteamericano, guiado por su compromiso político contra los fascismos europeos. Después de la Segunda Guerra Mundial trabajó en el Instituto de Investigaciones sobre Rusia, de la Universidad de Harvard. Regresó a la producción intelectual con la edición de Eros y Civilización (1955) y Marxismo Soviético (1958). 


Dejó la Universidad de Harvard, por discrepancias de la dirección con sus trabajos, y, en 1958, comenzó a impartir docencia en la Brandeis University, que también abandonó, en 1964, tras la publicación de El hombre unidimensional. Ingresa entonces en la californiana Universidad de Berkeley, que pasaba por ser la más liberal de los Estados Unidos. Allí se convierte en el referente ideológico de los movimientos estudiantiles. 


En los últimos tiempos de su vida regresó a Alemania, donde falleció en Stamberg en 1979.


Sus principales libros: Reason and Revolution, Oxford University Press, New York, 1941; Eros and Civilization, Beacon Press, Boston, 1955; Soviet Marxism, Columbia University Press, New York, 1958;One Dimensional Man, Beacon Press, Boston, 1964;Negations, Beacon Press, Boston, 1968; An Essay on Liberation, Beacon Press, Boston, 1969;Counterrevolution and Revolt, Beacon Press, Boston, 1972; Studies in Critical Philosophy, Beacon Press, Boston, 1973; The Aesthetic Dimension, Beacon Press, Boston, 1978.



Obra:
·        Acerca de los fundamentos filosóficos del concepto científico-económico del trabajo (1933)
·        The Struggle Against Liberalism in the Totalitarian View of the State (1934)
·        Razón y revolución (1941)
·        Eros y Civilización (1955)
·        El marxismo soviético (1958)
·        El hombre unidimensional (1964)
·        Tolerancia represiva (1965)
·        Cultura y Sociedad (1967)
·        Acerca del carácter afirmativo de la cultura (1967)1
·        El final de la Utopía (1968)
·        La sociedad industrial y el Marxismo (1968)
·        Un ensayo sobre la liberación (1969)
·        Psicoanálisis y política (1969)
·        Ética de la Revolución (1970)
·        La Sociedad Opresora (1972)
·        Contrarrevolución y Revuelta (1972)
·        The Aesthetic Dimension (1978)
·        La agresividad en la sociedad industrial avanzada. Y Otros Ensayos (1979)
·        Introducción a la terminología financiera (1988)
·        Protosocialism and Latecapitalism. Toward a theoretical synthesis Based on Bahro's Analysis
·        Guerra, tecnología y fascismo. Textos Inéditos. (2001)







Eros y civilización

Eros y civilización parte de la tesis sustentada por Freud –particularmente en El malestar de la cultura- de que la civilización necesita una rígida restricción del “principio del placer”. Pero a la luz de la propia teoría freudiana, y basándose en las posibilidades de la civilización llegada a madurez, Herbert Marcuse aduce que la existencia misma de ésta depende de la abolición gradual de todo lo que constriña las tendencias instintivas del hombre, del fortalecimiento de los instintos rivales y de las liberaciones del poder constructivo de Eros. Piensa Marcuse que los logros alcanzados por las culturas occidentales han creado ya los prerrequisitos para el surgimiento de una civilización no represiva, y señala las tendencias sociológicas y psicológicas que actúan en ese sentido. Esto lo lleva a un replanteamiento de la teoría freudiana en pugna con las escuelas neofreudianas (Eric Fromm, Karen Horney, Harry Stack Sullivan), que, en su opinión, han abandonado algunos de los descubrimientos más decisivos de la teoría psicoanalítica. "Eros y civilización, no nos saca de la utopía. Utopía de una civilización no represiva, de una sexualidad transformada en Eros creador






El hombre unidimensional


El hombre unidimensional es un análisis de las sociedades occidentales que, bajo un disfraz seudodemocrático, esconden una estructura totalitaria basada en la explotación del hombre por el hombre. La obra se basa en dos hipótesis aparentemente contradictorias. De un lado, Marcuse afirma que la sociedad industrial avanzada es capaz de reprimir todo cambio cualitativo. Por otro lado, parece prevalecer la hipótesis que quiere que en esta sociedad existan fuerzas capaces de poner fin a la represión y de hacer explotar las mortales contradicciones que laten en su seno.



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24 de febrero de 2014

El arte de gozar





El Arte de Gozar, de Julien Offroy de la Mettrie

El arte de gozar (co-edición con Encuentro Grupo Editor), de Julien Offroy de la Mettrie, 2008, 71 p. Universidad Nacional de Córdoba



"Sigamos por doquier al voluptuoso, en sus discursos, en sus paseos, en sus lecturas, en sus pensamientos... Distingue la voluptuosidad del placer, como el olor de la flor que lo exhala, o el sonido del instrumento que lo produce. Define la orgía, un exceso de placer mal administrado, y la voluptuosidad, el espíritu y la quintaesencia del placer, el arte de usarlo con moderación, de conducirlo mediante la razón, de disfrutarlo por el sentimiento. ¿Es culpa suya, acaso, si se tienen más deseos que necesidades? Es verdad que el placer se parece a la esencia aromática de las plantas; de la cual uno se toma tanto como se inspira. Es por esta razón por lo que veis al voluptuoso escuchar atentamente la voz secreta de sus sentidos dilatados y abiertos: él, para mejor oír el placer, para mejor recibirlo, ellos. Pero si no le son los adecuados, no los excita: perdería la perspectiva de su arte, la sabiduría de los placeres".



Julien Offroy de La Mettrie nació en la ciudad francesa de Saint-Malo en 1709. Hijo de una familia de comerciantes, realizó estudios humanísticos completados más tarde con los de medicina. Sus ganas de saber y su avidez por la aventura, pronto le llevaron lejos de su tierra natal. Primero a París y luego a tierras flamencas; algunas veces, incluso, huyendo de los que pensaban que sus ideas eran demasiado avanzadas para la época. La Mettrie fue sin duda el materialista más convencido y más radical de su generación, a la que pertenecieron Diderot, Voltaire y d'Holbach. Sus escritos no fueron gratos a las mentes bien pensantes del momento, que los quemaron públicamente en 1746.


Fue médico especialista en viruela, panfletario y científico, ateo radical pero también, y sobre todo, filósofo libertino, autor de El Hombre Máquina, El Anti-séneca, Sistema de Epicuro. En línea directa con la filosofía epicúrea, El Arte de gozar, publicado en 1851, constituye una apología del placer y del amor bajo el modelo barroco como alternativa a una condición privada de los dioses y de la providencia.



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17 de febrero de 2014

Carta a Meneceo










EPICURO  - Carta a Meneceo


Que ninguno por ser joven vacile en filosofar, ni por llegar a la vejez se canse de filosofar. Pues no hay nadie demasiado prematuro ni demasiado retrasado en lo que concierne a la salud de su alma. El que dice que el tiempo de filosofar no le ha llegado o le ha pasado ya es semejante al que dice que todavía no le ha llegado o que ya ha pasado el tiempo para la felicidad. Así que deben filosofar tanto el joven como el viejo; éste para que, en su vejez, rejuvenezca en los bienes por la alegría de lo vivido; aquél, para que sea joven y viejo al mismo tiempo por su intrepidez frente al futuro. Es, pues, preciso que nos ejercitemos en aquello que produce la felicidad, si es cierto que, cuando la poseemos, lo tenemos todo y cuando nos falta, lo hacemos todo por tenerla.

Practica y ejercita todos los principios que continuamente te he recomendado, teniendo en cuenta que son los elementos de la vida feliz. Antes de nada, considera a la divinidad como un ser incorruptible y dichoso --tal como lo suscribe la noción común de la divinidad-- y no le atribuyas nada ajeno a la incorruptibilidad ni impropio de la dicha. Piensa de ella aquello que pueda mantener la dicha con la incorruptibilidad. Porque los dioses, desde luego, existen: el conocimiento que tenemos de ellos es, en efecto, evidente. Pero no son como los considera la gente, pues ésta no los mantiene conforme a la noción que tienen de ellos. No es impío el que desecha los dioses de la gente, sino quien atribuye a los dioses las opiniones de la gente.
Pues no son prenociones, sino vanas presunciones los juicios de la gente sobre los dioses, de donde hacen derivar de los dioses los mayores daños y beneficios. En efecto, familiarizados continuamente con sus propias virtudes, acogen a sus iguales, considerando extraño todo aquello que no les sea semejante.

Acostúmbrate a considerar que la muerte no es nada para nosotros, puesto que todo bien y todo mal están en la sensación, y la muerte es pérdida de sensación. Por ello, el recto conocimiento de que la muerte no es nada para nosotros hace amable la mortalidad de la vida, no porque le añada un tiempo indefinido, sino porque suprime el anhelo de inmortalidad
Nada hay terrible en la vida para quien está realmente persuadido de que tampoco se encuentra nada terrible en el no vivir. De manera que es un necio el que dice que teme la muerte, no porque haga sufrir al presentarse, sino porque hace sufrir en su espera: en efecto, lo que no inquieta cuando se presenta es absurdo que nos haga sufrir en su espera. Así pues, el más estremecedor de los males, la muerte, no es nada para nosotros, ya que mientras nosotros somos, la muerte no está presente y cuando la muerte está presente, entonces nosotros no somos. No existe, pues, ni para los vivos ni para los muertos, pues para aquéllos todavía no es, y éstos ya no son. Pero la gente huye de la muerte como del mayor de los males, y la reclama otras veces como descanso de los males de su vida.
El sabio, en cambio, ni rechaza el vivir ni teme el no vivir; pues ni el vivir le parece un mal ni cree un mal el no vivir. Y así como de ninguna manera elige el alimento más abundante, sino el más agradable, así también goza del tiempo más agradable, y no del más duradero. El que exhorta al joven a vivir bien y al viejo a morir bien, es un necio, no sólo por lo grato de la vida, sino porque el arte de vivir bien y el de morir bien es el mismo. Y mucho peor el que dice que es mejor no haber nacido, pero una vez nacido, atravesar cuanto antes las puertas del Hades.
Pues si lo dice convencido, ¿por qué no abandona la vida? A su alcance está el hacerlo, si es que lo ha meditado con firmeza. Y si bromea, es un necio en asuntos que no lo admiten.
Hemos de recordar que el futuro no es nuestro pero tampoco es enteramente no nuestro, para que no esperemos absolutamente que sea, ni desesperemos absolutamente de que sea.
Y hay que calcular que, de los deseos, unos son naturales y otros vanos. Y de los naturales, unos necesarios, otros sólo naturales. Y de los necesarios, unos son necesarios para la felicidad, otros para el bienestar del cuerpo, otros para la vida misma.
Una recta visión de estos deseos sabe, pues, referir a la salud del cuerpo y a la imperturbabilidad del alma toda elección o rechazo, pues ésta es la consumación de la vida feliz. En orden a esto lo hacemos todo; para no sufrir ni sentir temor. Apenas lo hemos conseguido, toda tempestad del alma amaina, no teniendo el ser vivo que encaminarse a nada como a algo que le falte, ni a buscar ninguna otra cosa con la que completar el bien del alma y del cuerpo. Porque del placer tenemos necesidad cuando sufrimos por su ausencia, pero cuando no sufrimos ya no tenemos necesidad del placer. Y por esto decimos que el placer es principio y consumación de la vida feliz, porque lo hemos reconocido como bien primero y congénito, a partir del cual comenzamos toda elección y rechazo y hacia el que llegamos juzgando todo bien con el sentimiento como regla. Y ya que éste es el bien primero e innato, por eso mismo no escogemos todos los placeres, sino que hay veces en que renunciamos a muchos placeres, cuando de ellos se sigue para nosotros una incomodidad mayor. Y a muchos dolores los consideramos preferibles a los placeres si, por soportar tales dolores durante mucho tiempo, nos sobreviene un placer mayor. En efecto, todo placer, por tener naturaleza innata, es bueno, pero sin duda, no todos son dignos de ser escogidos. De la misma forma, todo dolor es un mal, pero no todos deben evitarse siempre.
Conviene juzgar todas estas cosas con una justa medida a la vista de lo útil y lo inútil. Pues usamos algunas veces del bien como de un mal, y, al revés, del mal como de un bien.
También consideramos un gran bien a la autosuficiencia, no para que en toda ocasión usemos de pocas cosas, sino a fin de que, si no tenemos mucho, nos contentemos con poco, sinceramente convencidos de que disfrutan más agradablemente de la abundancia, quienes menos necesidad tienen de ella, y de que todo lo natural es muy fácil de conseguir, y lo vano muy difícil de alcanzar. Los alimentos frugales proporcionan el mismo placer que una comida abundante, cuando alejan todo el dolor de la indigencia. Pan y agua proporcionan el más elevado placer, cuando los lleva a la boca quien tiene necesidad. El acostumbrarse a las comidas sencillas y frugales es saludable, hace al hombre resuelto en las ocupaciones necesarias de la vida, nos dispone mejor cuando ocasionalmente acudimos a una comida lujosa y nos hace intrépidos ante el azar.
Así, cuando decimos que el placer es fin, no hablamos de los placeres del los corruptos y de los que se encuentran en el goce, como piensan algunos que no nos conocen y no piensan igual , o nos interpretan mal, sino de no sufrir en el cuerpo ni ser perturbados en el alma.
Pues ni fiestas ni banquetes continuos, ni el goce de muchachos y doncellas, ni de pescados y cuanto comporta una mesa lujosa engendran una vida placentera, sino un cálculo sobrio que averigüe las causas de toda elección y rechazo y que destierre las falsas creencias a partir de las cuales se apodera de las almas la mayor confusión. De todo esto, el principio y el mayor bien es la prudencia. Por ello, más preciosa incluso que la filosofía es la prudencia, de la que nacen todas las demás virtudes, enseñándonos que no es posible vivir placenteramente sin vivir prudente, honesta y justamente, ni vivir prudente, honesta y justamente, sin vivir placenteramente. Pues las virtudes son connaturales al vivir feliz, y el vivir feliz es inseparable de éstas.
Porque, ¿a quién consideras mejor que a aquél que tiene sobre los dioses creencias piadosas y en relación a la muerte carece por completo de temor, que tiene presente el fin propio de la naturaleza, que distingue que el límite de los bienes es fácil de alcanzar y que el de los males tiene o poca duración o pocas penas, que se ríe del destino tomado por algunos como señor de todas las cosas, afirmando que unas suceden por necesidad, otras por azar y otras por obra nuestra, porque ve que la necesidad es irresponsable, el azar inestable y lo que está en nuestras manos carece de dueño, y a quien, por tanto, corresponden naturalmente la censura y la alabanza.
Porque era mejor adherirse a los mitos sobre los dioses que ser esclavos del destino de los físicos. Aquéllos esbozan una esperanza de intercesión por medio del culto a los dioses, éste presenta una necesidad inexorable. Entendiendo el azar no como un dios, como lo considera la gente --porque nada carente de orden obra la divinidad-- ni como una causa insegura --pues no cree que a partir del azar les sean dados a los hombres el bien y el mal en orden a la vida feliz, pero sí que de él se procuran los principios de los grandes bienes y males--, considerando que es mejor ser desdichado con sensatez que afortunado con insensatez; es, por otra parte, mejor que en nuestras acciones el buen juicio sea coronado por la fortuna.
En estos pensamientos y los análogos, a éstos ejercítate, pues, día y noche, sea para tí mismo, sea con alguno semejante a ti, y nunca --despierto ni dormido-- serás turbado; vivirás como un dios entre los hombres. Pues en nada se parece a un ser mortal el hombre que vive entre bienes inmortales.


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