30 de septiembre de 2013

Intensidades (2)





A puertas abiertas: Intensidades sobre el plano inconsciente en la filosofía del derecho.

Comunicação do Prof. Luis Alberto Warat do CPGD/UFSC


Revista Seqüência. UFSC, Florianópolis, SC, Brasil V. 14 n. 27 (1993)


2da. PARTE


Segundo movimiento

III. El encuentro de tres saberes
En el umbral de una tarea cooperativa entr el derecho, el psicoanálisis y la política, no me gustaria dejar de subrayar, de algún modo, mi resistencia a la articulación, entendida como posibilidad de un nuevo campo de saber o una nueva mirada interdisciplinar. Las veo como dos propuestas imposibles. Creo que lo que debe predominar es el intento de ver a los otros saberes como “extraños en mi propia palabra”. Unicamente el espiritu del seminario como actitud: poner las palabras en estado de seminario. Y sentirse disponible para la sorpresa, desconcertado
por una diferencia que no estaba en mi sospecha.

Afectos, incitaciones, devenires de subjetivación, es lo que yo espero de un primer contacto, en el inicio de un pensamiento coextensivo (con aproximaciones, distancias y bifurcaciones forzosas) entre lo psicoanalítico, lo jurídico y lo político; en lo que hace a la creación de nuevas formas de ser en el mundo (la intensificacción de la subjetivación), nuevas modalidades de pensamiento (alteración de las apuestas filosóficas- estéticas), el retorno de la ética y de la estética (en lo político, en el trato con los otros y en las condiciones de vida ), así como de la cooperación en el descubrimiento de problemas que la dominación trata de reprimir.
Cada uno siendo el extraño” de los otros.
La cooperación de tres “campos temáticos” que se pueden aproximar, en una vecindad cómplice, para aceptar el desafío de crear los pensamientos, actos y afectos sustitutivos de una modernidad, que puede estar saliendo de la escena del sentido junto con este siglo. Es decir, las ideas los actos y los afectos, que harian el tránsito de la modernidad: la polifonía semiótica de la transmodernidad. Diciéndolo desde otro ángulo: las instancias semióticas productoras de una subjetividad en devenir. Una fuga a tres lugares para lo indecible en el estilo de vida de la modernidad. El intento de crear un compromiso, desde tres lugares, para el devenir de la postura estética-ético política, que a la vez facilite la producción de una subjetividad que apueste en la reconquista de la autonomía.

IV. Brechas en la modernidad.
Hay una manera de ser en el mundo que está muriendo. Sobre esto existe un razonable consenso. Los diferentes registros semióticos que concurrieron, en la modernidad, para la formación de la subjetividad están siendo rápidamente alterados: la ideología, la ilustración, el iluminismo, la tensión sujeto-objeto, la utopía, el referente, parecen haber acabado con sus funciones. Todo un estilo de vida, toda una concepción de lo político-social, está siendo puesta en duda. El segmento filosófico-estético -político -ético -científico de una modernidad, que provocó el desencanto por los significantes supersticiosos y trascendentes parece ahora, desencantarnos por sus razones. Está entrando en declive sin realizar el mundo virtual que algunos de sus filósofos inventaron.
La modernidad nos transportó para determinados modos de existencia, a una determinada concepción del tiempo y del sujeto, de la utopía y la verdad, que se eclipsaron en abstracciones que la banalizaron, acentuando más posturas destructivas que apuestas constructivas (con filósofos mucho mas preocupados en hacer – con imposibles expectativas de explicación representativa - la apología del “mi”, que en construir el ”entre-nos” de un pensamiento creativo).

Esta es la situación frente a la modernidad. Ahora bien, nada se puede intentar pensar sin examinar las luces y las sombras, las razones y los indecibles del pensamiento que en ella predominó. Para pensar la invención del futuro, para hacer el devenir de la autonomía, es también necesaria una mirada creativa sobre el pasado, es decir crear los pensamientos constitutivos del “recuerdo” de los acontecimientos: una fuga de la historia hacia el recuerdo (sin lo siniestro de la memoria, que carga al olvido de represión). El olvido - como represión- cuando se transforma en recuerdo libera los sentimientos, permitiendo que el deseo ligado al recuerdo ingrese en la actualidad del juego erótico. La recuperación de los sentimientos adormecidos, que es esencial para la transformación de la subjetividad.
Un “irse”:al pasado para escapar de él. El reencuentro (superador) con las fantasías pétreas, que descompusieron el deseo ejerciendo un supremo dominio sobre los individuos. Una fuga del presente hacia el pasado, para inventar el futuro.
La mirada puesta en el pasado, para captar los puntos de turbulencia rítmica que insinúan un cambio virtual en la subjetividad: las intensidades que pasaron denunciando el futuro, perturbando la historia (como una continuidad de movimientos soldados) para anticipar sus diferencias, en el momento indecibles.

El rumor de las diferencias que vendrán. También: una comprensión de lo que no fue dicho para retardar (o abortar) la liberación de las diferencias. Ese concierto barroco que no pudo ser ejecutado.
Todos los días los medios nos hablan de algún final. La historia, la ideología, el sujeto, aparecen constantemente ligadas a la palabra “fin”. De que finales están hablando?. Es la petulancia del sueño americano delante los escombros de sus oponentes?. Es un efecto escatológico de algunos aspirantes a iluminados?. Es el miedo del hombre de ser reducido a una imagen sin cualidades, a una réplica sin variantes?. El hombre perdiendo su fantasía de super-subjetividad (la antigua idea del sujeto).
Se me ocurre que en algún lugar se mezclan, todos esos interrogantes como variantes virtuales de otro tipo de final. Creo que lo que se anuncia y anticipa es el acabar de toda una concepción de la temporalidad como historia. En el fondo un deseo de salir huyendo de la historia hacia el devenir. El augurio de una subjetividad sostenida, como temporalidad, por sus propios movimientos y alteraciones. La subjetividad como configuración del tiempo ya no como efecto de la historia, esa fábula plagada de certezas, de héroes y grandezas iterativas.

Esto quiere decir: El fin de la historia, como una forma de empezar a experimentar todo lo que escapa a la historia. El fín de la historia, para que ést comience a ser entendida como línea de fuga temporal. La historia trazada por sus bordes, por sus puntos de fuga, por sus fisuras, por lo que nos hace huir del folletín hacia la emancipación. El fín de la historia como coágulo y el comienzo de otro tipo de temporalidad, la que nos instala en lo naciente: el devenir, la heterogénesis de la subjetividad y sus movimientos. Una toma de distancia de lo que fue acumulado como saber, para poder ir creando lo nuevo mientras se lo explora (se lo cartografía).

El fin de la historia, sustituida por el devenir; el fin de la ideología, sustituida
por la incertidumbre; el fín del sujeto, reemplazado por el transcurso de la subjetividad. Un cambio en la concepción de la temporalidad.
El abandono de los relojes para medir el tiempo, por los puntos de subjetivación, por los desplazamientos (los pliegues) en la subjetividad.
La historia minada por el devenir. Esta creo que es la primera tarea cooperativa del psicoanálisis, de la Filosofía del Derecho y de la Filosofía política (revistas
deleuzianamente, algo que todavía no esta hecho).
Estoy hablando de un momento cooperativo que puede ayudar a desencadenar el tiempo como subjetividad, que se permite constantemente auto-alterarse. Un dispositivo de proliferación; el tiempo como lo desconocido que multiplica la subjetividad: ese delicioso tiempo de la navegación intensiva. La temporalidad sin garras, conducida por lo indecible que llama al deseoso.
Psicoanalistas y filósofos del Derecho y la política pueden cooperar- sin tratar de ocupar el lugar ajeno - para crear la cartografía que responda al llamado de lo indecible. Cada uno desatando a los otros como cómplices: los otros como lo extraño en el propio discurso. La historia, que suspende la afluencia de las certezas, ese espejo que detiene. Los otros portando el devenir que nos aleja de las propias verdades, que prueban la realidad por el frio (la huida de las escarchas). El devenir, ese comienzo de la filosofía como prueba del deseo.
Y ese será, precisamente, el blanco de las flechas que trataré de disparar a través de esta comunicación. Es decir: mi forma de tratar de hacer del jurista un “dislocado solicitante” de sus indecibles, el que se reencuentra con los rumores reprimidos en los lenguajes organizados. El jurista que huye de sus coágulos, rutinas y escarchas .El jurista que huye de lo que ya sabe (y en muchos casos que no quiere saber que sabe), teniendo al psicoanálisis y a la filosofía política como cómplices de sus fugas: las ”otras” que lo ayudan a escapar, que lo ayudan a sorprenderse y angustiarse por la revelación de lo que repite.

V. Las “otras” del Derecho y el  “plano del inconciente”
Los lugares desde donde inicialmente disparé mis flechas pueden despertar una leve sorpresa si se esperaba que yo tratara de situar esta convocatória de articulación, en un lugar estrictamente jurídico. Pero esto no me es posible. La teoría jurídica y su filosofía exprimem problemas poco propensos a la formación de circuitos adyacentes, para que los juristas se pregunten sobre sus prácticas y lo ilusorio de las creencias que las sostienen. Es una teoría sobre un delirio con efectos mágicos (o si se quiere un devaneo significante con mil marcas de un combate alucinado), que en muchos caso no ultrapasa los esfuerzos por dotar de cientificidad al saber de los juristas, o de oponerse a ello desde posiciones que van de la semiología al marxismo académico.

Sobran los dedos de una mano, para contar los juristas que osamos fabular un movimiento de constitución de otras realidades posibles para el Derecho, asi como fabricar sus propias otras (cómplices, reserva salvaje, lo femenino del deseo, los extraños) que tornan en parte decible, por la parceria en el devenir de la subjetivación, lo indecible; o inventar su propio” plano de inconsciente”. La” otra” que despabila sin la densidad de la protectora.

El “plano del inconsciente” es una idea que ahora estoy elaborando, a partir de Deleuze y Guattari, en un proyecto de investigación aprobado por el CNPq y que se refiere a lo indecible que se encuentra en los diversos registros semióticos
en el estado de las cosas y en los otros: el inconsciente de la subjetividad agenciada en lo social, la subjetivación en cuanto indecible, la semiótica en su “no-dicho”, que tiene que irrumpir en los estados de existencia como efectos conceptuales, afectivos y sensibles del devenir de subjetivación. Esa seria la semiótica en su realidad: un plural de subjetividades carnavalizadas o cartografiadas que hacen decible, como fábula, lo indecible; lo indecible fabulado. La trascendencia vista como indecible.

El” plano del inconciente” seria la construcción de la fuga emancipadora, que es siempre hacia lo indecible. La subjetivación que se puede ir haciendo (cartografiando) a partir de múltiples elementos: sucesos, significantes, afectos, sensaciones, otros cuerpos, percepciones. En todos ello está presente un indecible (lo indecible de lo decible) que precisa una construcción del inconsciente más filosófica y estética que extraída de las creaciones de la clínica. Esto para poder hacerse cargo de la subjetividad, que transita como foco existencial colectivo en el “entre -nos “de los cuerpos, que también contiene su inconsciente, una ciudad escondida.

Aquí lo importante es aceptar: 1) que todo elemento semiótico porta, autónomo, una instancia inconsciente como indecible; 2) que tratando de construir un decir para esos no dichos, se construye la subjetividad, que construye -a su vez- lo existente como realidad y la discursividad como función existencializante ;
3) que los puntos de subjetivación de esa subjetividad (su multiplicación emancipadora) se enriquecerían situando lo psicoanalítico, lo político y lo jurídico en el encuentro de lo filosófico, lo ético y lo estético.

Estoy apuntando para un inconsciente carnavalizado, que se corresponde con una concepción polifónica de la subjetividad, como la propuesta por Guattari. El acto de aprender la subjetividad en su creatividad procesal y en sus relaciones con el otro, sin tratar de atarla a una apuesta de cientificidad (focalizando todo lo que el estructuralismo colocó entre paréntesis). Se trataría de un inconsciente y de una subjetividad inventada desde la filosofía, la ética y la estética, pero lejos de la” verdad prevenida” de la ciencia. Un inconsciente construido para dar cuenta de una subjetividad que tiene un cierto grado de autonomía con relación a la individuación, trabaja por su propia cuenta produciendo narrativas (intensivas y polifónicas) directamente inscriptas en el imaginario social.

Generalmente esas narrativas funcionan como mecanismos de captura e institución de modos de ser, de figuración social, de territorialización existencial, que inciden - con efectos (a)discursivos - no son discursivos en si mismos - sobre lo que se espera que uno deba ser, de como uno deba amar, valorar, decidir sobre lo justo o lo bonito; narrativas (de opinión) que deciden, con pasajes transversales, sobre nuestros fantasmas. Narrativas que en agenciamiento capitalístico, suelen “invisibilizar” lo diverso, suprimen la alteridad y reprimen (como indecible) el proceso socio -histórico de su constitución (lo inscriben en el plano de la necesidad, fuera del principio de realidad, como instancias naturales - pensemos en la noción de igualdad jurídica). Narrativas, en fin, que tornan oscura la articulación del significante y sus contenidos.

Estoy hablando de la determinación social de los indecibles, cuyo interdicto solo podra ser levantado con la constitución de un “plano de inconciente”, orientador de una mobilidad que permita decir algo sobre la hiper-complejidad de los indecibles. Decir algo de ellos es producir un punto de subjetivación, es alterar
la subjetividad, y es también hacer filosofía.

Es claro que para construir el” plano de inconsciente”, que de cuenta de los indecibles, precisamos del creador y sus “otras”: el “entre- nos” sin el cual no hay creatividad. La “otra” que porta lo indecible y ayuda a subjetivar. No habría creatividad sin una” otra” que funcione como inconsciente, como lo que una vez llamé de deseo negro (el deseo que no quiere quedar fijado en ninguna adicción, principalmente la del poder). Veo, así, a lo inconsciente como una “reserva salvaje” que se constituye en el “entre-nos” :

VI. De la imposibilidad de ser la “otra” .
Falta en la Filosofía del Derecho los creadores y sus otras : el “entre-nos”.?.
Les falta a los juristas su reserva salvaje?
En realidad los juristas, por tradición, piensan que dominan un discurso social rector y no esperan nada de lo psicoanalítico o lo político (como tampoco de cualquier otro pensamiento sobre lo social). No hay ninguna demanda para esas dos direcciones. Los juristas no quieren tener ni ser la otra.

En su negativa de” tener- ser” la “otra” los juristas tratan de valerse de los psicoanalístas como un argumento que puede ser sumado a sus tradicionales recursos de interpretación de las leyes y niegan lo político fundiéndolo con sus creencias, en la legalidad abstracta.

Así las cosas, lo psicoanalítico y lo político solo podrían contribuir (en una primera intuición) como las zonas extrañas que le faltan al Derecho para poder alterar la imagen de su propio pensamiento, sus afectaciones significantes, (esos flujos vaporosos de apreciación que llame en otras oportunidades de sentido común teórico) y desalambrar su delirio en un alboroto semiótico que desemboque en un proceso creativo, en un cambio de las coordenadas enunciativas. Ayudarlos a encontrar, en términos deleuzianos, sus primeros filósofos del Derecho (como estéticos).

Hace muy poco tiempo que un reducido número de juristas consiguen comenzar a pensar al derecho como un” algo” que debe ser creado en su propio transcurrir, falseando (carnavalizando o mostrando surrealisticamente) ideas preestablecidas, dejando de pensar la creatividad jurídica como una actividad de interpretación de los sentidos de las leyes que organizan el Derecho, apenas como la dilucidación de componentes ya existentes. La creación jurídica revista como irrupción de otras coordenadas enunciativas. La creación del derecho como el deseo del poeta. La creación que llama al deseoso: lo poético que encuentra un punto de fuga en cualquier situación (Nestor Perlongher).

Los juristas nunca consiguieron atribuir un carácter positivo a la indeterminación y a lo indecible. Nunca consiguieron escapar de sus fantasías de seguridad, inclusive cuando hablan en nombre de la equidad. Inventaron la tipicidad para evitar que los juristas cambien sus modos de pensar. Hace poco más de veinte años que comienzan a aceptar que existen indeterminaciones de sentido en
las palabras de la ley. Y cuando yo dije por primera vez estas cosas, casi me cuesta la vida en la argentina de Videla.

Sospecho que no existe un devenir jurídico. Los juristas reflexionan sobre lo abstracto o lo histórico sin crear nada y sin conseguir hacer sus propios movimientos de fuga (la huida hacia sus indecibles). Sus principios de crítica y ruptura no pasan de una afirmación de identidad, por y en sus tradicionales imágenes de pensamiento, siempre en el interior de sus viejos aparatos institucionales: el reciclaje ilusorio en los circuitos del orden jurídico oficial. Este seria el caso de los usos alternativos del derecho, con alguna prensa en el Brasil). La crítica jurídica incidiendo de un modo artificial en la trasformación social brasileña, mientras reaparece el temido “quebra -quebra” como una forma salvaje de fuga de la segregacion.

Claro que existe la contrapartida del proceso de destitución de Collor. Pero este pliegue de subjetivación colectiva tiene que ser leido: 1) como un acto de afirmación de la ciudadania que denuncia; 2) como una grave falta de pasaje entre los juristas.
No hay en lo jurídico el devenir como fuga de creatividad, que levanta interdictos abriendo una polifonía de posibles. Falta el vértigo de muerte como tentación de alteridad absoluta, diria Guattari. Falta el juego poético con el limite, que aleja ciertos componentes de semiotización y transforma los agenciamientos de enunciación y posibilidad.

Estoy queriendo, con todo esto, decir de un modo indirecto, que lo jurídico precisa de lo psicoanalítico y lo político, como factores de constitución de la” otra” del derecho (así como de los puntos de fuga) pero no puede funcionar –por el momento- como la “otra” de lo psicoanalítico o de lo político (la búsqueda de lo indecible que altera la subjetividad). El derecho porta y garantiza una imagen ilusoria de si mismo, un arsenal de deseos vaporosos que tienen más que ver con un mercado de consumo de la seguridad, lejos de los procesos de subjetivación que minan los cálculos de la dominación. Inclusive jugando el juego de la transgresión no consiguen cambiar su modo de pensar. Por eso pueden cooperar poco como” otra” en los movimientos que alteran la subjetividad, en el devenir emancipador de la subjetivación (la alteración de los acontecimientos, por desvíos de enunciación y posibilidad, que permite decir lo indecible: lo nuevo como los dichos de lo indecible). En el deliro nadie consigue ser la otra.


CONTINUA

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