28 de diciembre de 2012

tendencias



Posmodernidad y cultura


 
En la pos-modernidad, podemos registrar dos tendencias en conflicto: una dependencia de la cultura oficial, la otra fuertemente resistente a ella.

La primera tendencia puede ser vista como paradigma de todas las sumisiones, de todos los compromisos con el status quo y los componentes totalitarios del imaginario social instituido: una dimensión cultural absolutamente presa al poder y a la ley de hierro de la producción capitalista de bienes y creencias.

La segunda tendencia se caracteriza por una intermitente búsqueda de la separación entre el saber y el poder. El saber quedándose a la deriva en relación al poder; un saber en busca de la autonomía del hombre y de una estrategia cognitiva predominantemente basada en una “comprensión vivencial” de la significación.

Llamaré a la primera tendencia de “pos-modernidad oficial” y a la segunda de “pos-modernidad utópica”. Ésta última designa una actitud de reivindica la posibilidad del hombre de concretar sus utopías interiores, evitando contabilizarlas como ilusiones perdidas.

Pienso que no podemos entender el sentido de la pos-modernidad sin sumergirnos en la dialéctica conflictiva de estas dos tendencias. El surrealismo tardío pretende insertarse en esta dialéctica como expresión de la pos-modernidad utópica.

Mi gran objetivo es intentar proyectar las principales concepciones de la pos-modernidad utópica en el campo de la enseñanza del Derecho.

Se puede ya vislumbrar un pálido intento de implementación de un proyecto pedagógico consonante con el paradigma cultura de la pos-modernidad oficial. Es necesario, por lo tanto, comenzar a generar amplios focos de resistencia, basado en la reiteración infinita de micro-afirmaciones individuales. La pos-modernidad no es el tiempo de las grandes y heroicas contestaciones. Al contrario, ella precisa de un incesante devenir de la afirmación de nuestra autonomía.
(...)


Luis Alberto Warat

Fuente: Manifiesto del Surrealismo Jurídico, LAW

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