13 de septiembre de 2010

Guattari


III. PENSADOR DE LA SUBJETIVIDAD


Luis Alberto Warat


Para Guattari la única forma que los individuos tiene para encontrarse con su autonomía y responder a lo intolerable está en su propio devenir revolucionario: un movimiento capaz de transformar en flujos singulares la producción institucional de una subjetividad sedada, la fabricación institucional de la miseria humana

Miseria de la producción del deseo en la época de la midia. Crisis generalizada de la subjetividad. Seria crisis en relación a las posibilidades de identificación con un territorio existencial, diría Guattari. Subjetividades ilusoriamente unificadas por una imagología (en la afortunada expresión de Kundera) construida en el vacío del sentido como efecto de la misma crisis (un vacío que creó la necesidad de un trabajo clínico con la subjetividad?)

La condición transmoderna (como me gusta llamarla), está creando subjetividades pálidamente referidas a señales ambiguas o engañosas (pero que en el fondo terminan estimulando mucho más la rivalidad que la solidariedad). Subjetividades siempre en estado de vértigo, tratando de administrar sus miedos dentro de una sociedad que se presenta como una generalizada zona de riesgo.

Guattari piensa la producción institucional de la subjetividad como un proceso de fragilización en espiral ascendente. Para este punto dice Rolnik: cuanto mayor es la desorientación mayor es la vulnerabilidad para dejarse capturar por el amparo que las centrales de distribución de sentido y valor ofrecen, otorgando un supuesto saber. O sea una subjetividad que agrava su fragilidad impregnándose con las expresiones culturales mejor cotizadas en el mercado, perdiendo la sensibilidad por el propio cuerpo vibrante y el olvido de la potencia de creación.

Para Guattari no existe el sujeto tradicional de la filosofía, portador de una subjetividad derivada de una supuesta naturaleza humana. Opone la idea de una subjetividad de naturaleza industrial fabricada, modelada y capturada en los flujos del poder: la ideología como producción institucional de la subjetividad, el individuo como producción de masa. La subjetividad como algo esencialmente fabricado en el registro de lo social. Un lucro capitalista derivado de la producción de poder subjetivo.

La hipótesis de Guattari seria la de que es preciso, si se quiere apostar en los procesos de transformación, un atrevimiento para singularizar, una pragmática de la singularidad como revolución molecular: como procesos de reapropiación de la subjetividad. Hacer, yo diría, de las desterritorializaciones mil mesetas cartograficas.
Lo que caracterizaría un proceso de singularización, es que el sea automodelador (y grupal), es decir, que capte los elementos de situación, que construya sus propias referencias sin quedar capturado por el poder global.

Grupos autogestionarios, competentes para leer su propia situación. Una capacidad que les posibilitara la creación y la autonomía.

La producción de la singularidad implica una multiplicidad de revoluciones moleculares (que tiene que producirse también en cada sujeto) en la medida en que se hace necesario la reapropiación de la subjetividad en todos registros de la vida: reapropiación de la midia, del medio ambiente, de lo político, del consumo, del tiempo libre, de la sexualidad, de las enfermedades, de la locura, de los miedos... la lista puede continuar. Es una revolución de la subjetividad


Luis A. Warat

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REVISTA Nº 26
Ano 14 - julho de 1993 - p. 87-93



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