1 de marzo de 2010

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Michel Onfray: Un filósofo de las Luces
2007 - número 9

Del arte a la política, pasando por la bioética, la religión, Internet o la odisea del té, el filósofo francés Michel Onfray examina en numerosos libros y conferencias una multitud de temas que interesan al hombre moderno. Para Onfray, la filosofía debe ser eficaz en el terreno existencial.

Michel Onfray responde a las preguntas de Jasmina Šopova.




En cierta oportunidad usted afirmó que la filosofía no caía del cielo de las ideas, sino que ascendía de la tierra. Explíquelo por favor.

Existen multitud de maneras de practicar la filosofía, pero dentro de ellas la historiografía dominante retiene una tradición entre otras para volverla la verdad de la filosofía; a saber, el linaje idealista, espiritualista, compatible con la visión judeocristiana del mundo. En consecuencia, todo lo que obstaculice esa visión parcial y parcelada de las cosas queda eliminado. Así lo son en su casi totalidad las filosofías no occidentales, en particular las sabidurías orientales, pero también las corrientes sensualistas, empíricas, materialistas, nominalistas, hedonistas y todo cuanto podría presentarse bajo la rúbrica “filosofía antiplatónica”. La filosofía que desciende del cielo es la que de Platón a Levinas, pasando por Kant y el cristianismo, necesita de un trasmundo para comprender, explicar y justificar este mundo. La otra línea de fuerza asciende de la tierra porque se contenta del mundo dado, de lo que ya es.

Usted se define como un filósofo hedonista. Para usted, ¿qué abarca ese término?

El hedonismo forma parte de las filosofías incompatibles con el judeocristianismo y por tanto dejadas de lado por la historiografía dominante. El hedonismo, partiendo del contrario del ideal ascético defendido por el pensamiento dominante, invita a identificar el bien soberano al placer de sí y de los otros, no debiéndose pagar jamás el precio del sacrificio del otro. La obtención de tal equilibrio supone abordar el tema bajo distintos ángulos –político, ético, estético, erótico, bioético, pedagógico, historiográfico… Por mi parte, dediqué libros a cada una de esas facetas de una misma visión del mundo.

Usted ha sido violentamente atacado debido a sus posiciones pro ateas e incluso recibió amenazas de muerte. ¿Cómo reacciona?

Compruebo que esos creyentes me dan razón cuando afirmo que su monoteísmo es intolerante, vindicativo e intelectualmente exterminador… Si a uno lo amenazan de muerte por haber dicho que la religión que otros reivindican es intolerante, queda probado que cuanto digo es lamentablemente cierto… En Europa vivimos bajo regímenes democráticos; fuera, en otros tiempos y otros sitios, esas amenazas no hubieran tenido lugar: directamente me hubieran cortado la cabeza.

Usted es un filósofo de la acción que lucha en todos los terrenos. ¿Cómo puede hoy día el filósofo ser “útil”?

Volviéndole radicalmente la espalda a la manera de proceder universitaria y doctoral, o dicho de otro modo, evitando hablar de manera obtusa, vaga e incomprensible, dejando de lado a ciertos amantes de lógicas sectarias que gozan quedando y reproduciéndose intelectualmente entre ellos en forma incestuosa… En consecuencia, expresándose clara, simplemente, a la manera de un Séneca o de un Cicerón… Luego, cesando de dar lecciones a todo el mundo y limitándose a permanecer en el ámbito del verbo donde las cosas son tanto más fáciles, pero tratando de producir efectos filosóficos en el terreno existencial, de nuevo como en el caso de los filósofos antiguos, en lugares que se destinan a tal efecto, por ejemplo las universidades populares.

¿Podemos comparar la Universidad Popular de Caen que usted inició en 2002 con la escuela del Jardín de Epicuro?

Creé una segunda Universidad Popular en Argentan, mi ciudad natal, departamento del Orne, en Normandía. Es una subprefectura arruinada por la violencia del liberalismo y habitualmente olvidada de la capital, como así también de las instancias gubernamentales de la región y del departamento. Me pregunté pues a qué podía asemejarse una micro-resistencia a los micro-fascismos liberales de nuestra época en una comunidad abierta inspirada por un epicureismo compatible con nuestra modernidad postindustrial.

Para usted lo universal no existe. ¿Podemos acercar su idea a la de diversidad cultural defendida por la UNESCO?

Sí, lo universal existe: creo por ejemplo que un hombre vale tanto como una mujer, un blanco vale como un negro, un doctor en filosofía vale tanto como un campesino del Nilo, un ateo cuenta tanto, ni más ni menos, que un judío practicante, que un minusválido vale tanto como un campeón de atletismo. Dicho de otra manera que un ser vale tanto como otro ser, sean éstos como fueren. He ahí el primer universal en el que sí creo.

El segundo es que más vale un humano feliz que un humano desdichado y que hay que hacerlo todo para aumentar la dosis universal de placer y reducir lo más posible la dosis de dolor. En fin, creo evidentemente en la diversidad de las culturas y en la necesidad de preservarlas, pero creo asimismo en la existencia de culturas mejores que otras.
En efecto, pienso que más vale una civilización que no mutile sexualmente niñas a la que masacra su integridad, una civilización en la que se pueda opinar lo contrario de cuanto piensan los gobernantes espirituales y temporales de su país que una civilización en la que se envía al cadalso a quien no piense según la norma, y creo que una civilización que da a los homosexuales los mismos derechos que a los heterosexuales es mejor que aquella que los encarcela, etc.

Soy simple y llanamente un filósofo de las Luces que piensa que la Luz es preferible a la Oscuridad y que la Declaración de los Derechos Humanos es superior a los textos de leyes inspirados en mitologías milenarias.


Fuente: UNESCO

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