9 de noviembre de 2009

imaginación


el más allá de la imaginación formal



El sueño y la poesía son la contrafigura de la imaginación formal. Esta hace transparente el vocabulario básico de la ciencia y de la filosofía, sirviendo a la constitución de una imaginación extremadamente dependiente de un principio de visibilidad pasiva.


La imaginación formal, fundamentada en una visión inmovible y inmovilizada, cumple sus destinos encaminándose para el formalismo. Hurte, así, la materialidad de las cosas y de las propias imágenes para pensar el mundo a partir de ejemplos tácitos y imágenes ocultas. Una propuesta que no advierte, afirma Bachelard, que no se aprende un pensamiento no vacío.

De esta manera, la imaginación formal torna la materia un objeto de visión, al verla apenas como figuración. Es el resultado último de la postura del hombre como mero espectador del mundo, de un mundo panorámico y puesto a contemplación ociosa. En el fondo, una apología de una imaginación dependiente y carente. Dependiente de los objetos de conocimiento, carente en relación a todo lo nuevo. Es la imaginación totalitaria: la imaginación que se presenta como víspera del concierto.


La imaginación formal es víctima de un principio óptico. Ella comanda los procesos discursivos que producen las verdades de las ciencias sociales y hacen del científico un pensador-voyeur: el pensador quieto que nos legó Radin como símbolo de toda una tradición reflexiva, que concibe la imagen como mero espejismo sin vida de un mundo, cuyos significados, forzosamente, deben ser traducidos en conceptos.

Es la palabra “óptica” escondida en los conceptos para dar la ilusión de ser un doble del mundo. Estamos delante de dos fragmentos “ópticos” que acompañan la imaginación para reducirla a una facultad meramente copiadora, subalterna y deserotizada. Es la imaginación sin autonomía. Se trata de imaginación de quien acierta sumisamente ser espectador del mundo.

Examinando con cierto cuidado el proceso discursivo de las ciencias sociales, podemos notar muchas marcas de una comprensión “óptica” del mundo. Expresiones como: Ver, contemplar, evidencia, idea (que significa, originariamente, forma visible), punto de vista, visión del mundo, etc., muestran, claramente, como el discurso de las ciencias sociales está impregnado de elementos dependientes de una concepción “óptica” del mundo. Inclusive, la propia noción de teoría es hija de la actitud “óptica”. Ella proviene del griego. Surge de un uso metafórico de la expresión “theorem”.

Los griegos emplean esa palabra para referirse a los comentaristas de las olimpíadas. Ellas quedaban en las gradas para opinar sobre los juegos del Olimpo. Curiosamente, estos personajes eran los únicos que no tenían ninguna participación activa en las competiciones. Solamente las veían. El “theorem” tenía el vicio de la ocularidad que heredaban nuestros científicos instituidos.

El surrealismo invita a tener otra actitud frente al saber. Muestra que el saber precisa dejar de ser la grada de la vida. Bachelard prefiere salir a la búsqueda de otro tipo de imaginación. El la llama material. Se trata de una imaginación que recupera el mundo como creatividad y como resistencia, solicita la intervención activa y emancipatoria del hombre, decretando con esto la muerte del pensador-voyeur.

Estamos delante de la propuesta de una imaginación democrática, inventiva, llena de incertezas Una imaginación que nunca se queda a servicio de la relación saber-poder. En ella rige la relación saber-deseo
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LAW

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