24 de julio de 2009

Manifiesto del surrealismo jurídico: décimo octava entrega

No tiene ningún sentido intentar definir, con cierta precisión, lo que debe ser entendido por surrealismo. Sería una forma semiológica de establecer un criterio autoritario de exclusión. Los actos y los proyectos de no se encuadren en una definición caerían fuera del movimiento surrealista. Es lo que intentó hacer Breton para controlar, de alguna manera, los proyectos del surrealismo.
Definir el surrealismo es una forma de traicionar el espíritu que lo anima. Es intentar la univocidad del conjunto fundamental de sus propuestas, encerrándose en conceptos. Obtendríamos, así, un discurso legible del surrealismo. Pero, el surrealismo existe como un deber incesante de texto escrito que va redefiniendo a cada instante su sentido y su destino. Quien se vincula a la historia de esos textos les otorga nuevas significaciones. El valor y los propósitos del surrealismo dependen de ese vértigo de sentidos. El surrealismo es una aproximación singular a lo fantástico, para una toma de conciencia común de la vida. En la proximidad de lo fantástico, en ese punto en que la razón humana pierde su control, cada surrealista podría traducir, en un discurso mágico, las emociones contenidas en lo profundo de su ser.
En ese sentido, el surrealismo es una estrategia discursiva que despierta a través del apelo a lo fantástico, el estado latente de nuestros deseos singulares. El muestra el sentido singular de cada existencia en el cuestionamiento de las formas oficiales de la cultura. El surrealismo está en función directa de la necesidad de que cada uno de nosotras pueda ejercer con autonomía su propia mirada frente a la vida.
Ciertamente, el surrealismo tiene fuertes influencias que fueron alimentando sus raíces: el psicoanálisis, el marxismo, y tendencias estéticas convergirán para la determinación de su génesis y evolución. Los nuevos elementos que se fueron adhiriendo al movimiento surrealista aportaban conocimientos, reacciones sensibles y sugestiones que imprimían fuertes marcas en la actitud general del surrealismo.
Los surrealistas fueron organizando su rebeldía poética, moral y política en torno a varias ideas comunes. Los colaboradores de la revista ”La revolución Surrealista”, unánimemente, concuerdan en los siguientes puntos: el mundo llamado cartesiano que los rodeaba era un mundo insustentable, mistificador, sin humor ni pasión. Contra el estaban justificadas todas las formas de insurrección. Toda la psicología del entendimiento era discutida, concordaban en oponerse a las exorbitantes pretensiones de la razón, ésta precisaba ser despojada del poder absoluto que se había atribuido durante siglos. Los deberes que la razón impuso al hombre en el plano moral perdían, para los surrealistas, toda justificación. Frente a las leyes de la moral instituida, los surrealistas concordaban en formular reservas concretas, pretendían liberar al hombre mediante la poesía, el sueño y el apelo a lo sobrenatural para promover una nueva orden de valores. Veían con preocupación como la ciencia manipula los deseos y las cosas, pero renuncia a habitarlas. La ciencia para los surrealistas siempre fue ese pensamiento admirablemente activo, ingenioso, desenvuelto, que intenta ser como objeto en general, ignorando el sujeto de la pasión. La ciencia no reconoce que el sujeto apasionado puede ser también sujeto del conocimiento. Así describe los afectos como se describe la fauna y la flora, de un país distante, sin percibir que el hombre está entero en sus pasiones. Por eso el apelo de los surrealistas a la poesía.
A partir de esas coincidencias surgen las divergencias en torno a los medios para atinarlas.
De mi parte, pretendo retomar algunos de los caminos abiertos por los surrealistas. Estoy intentando con este manifiesto hacer mi propia lectura del surrealismo, jugando en ella toda mi experiencia pedagógica. Quiero hacer un ejercicio de adaptación de la experiencia surrealistas como postura didáctica para la enseñanza del Derecho. Ciertamente los tiempos son otros. Ahora es preciso luchar contra el tipo de sensibilidad que va ganando el planeta con la consagración definitiva de la cultura del capitalismo tardío. Por eso mi lectura de los textos surrealistas está hecha a partir de mi propia versión del futuro de nuestra cultura. Hablo, entonces, del surrealismo tardío para mostrar como el puede servirnos para la búsqueda de la afirmación de la singularidad dentro de una cultura que pretende vincular toda nuestra sensibilidad a las máquinas que inundan nuestro cotidianeidad. El surrealismo tardío nos permitirá, así, descubrir las pasiones en el interior de las propias pasiones, para cambiar la cualidad del afecto. En la cultura del capitalismo tardío la tendencia a presentar las pasiones en forma difusa y homogénea para que ellas puedan ser consumidas como objetos. La racionalidad del mercado que traza en sí la lógica de la dominación de los sentimientos.

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