12 de junio de 2009

La alteración en el nombre no altera nada


La casa Warat siempre fue tomada por el surrealismo. La adjetivación como surrealista del carácter de Universidad popular permite diferenciar claramente la propuesta de la casa de las otras Universidades Populares. Los perfumes, el universo de preocupaciones, esa necesidad de colocar al borde del vértigo los efectos trivializantes del saber erudito que las universidades ofrecen como verdades a reverenciar, permanece intacto. La introducción de la palabra surrealismo entre Universidad y popular no cambia nada, por el contrario muestra con mas claridad lo que siempre quisimos ser, fuimos y pretendemos ser. No se olviden que ya en 1986 publique el manifiesto del surrealismo jurídico, siendo el primer, digamos, Filósofo del Derecho que reivindicó la importancia pedagógica del surrealismo, como única metodología posible(es decir: contra metodología posible) para que los estudiantes pueden aprender derecho sin ser producidos serialmente, pinguinizados, o clonados en un pensamiento único, como quieran llamarlo. Ahora, continuando con esa línea tengo en prensa el Materialismo mágico. La propuesta de la Casa Warat nació surrealista y en nada cambió. Continuaremos siendo enemigos declarados de todo abuso de solemnidad, de todo dogmatismo, de toda alianza entre el platonismo y la teología judeocristiana. Seguiremos preocupándonos por el presente inmediato, dejando de lado las ideas idealizantes y las soluciones ilusorias en torno a la posterioridad. No nos interesa y, nunca nos interesó idealizar el pasado o el futuro. Estamos, eso si, absolutamente comprometidos por tratar de transitar simultáneamente entre los gritos de la calle y los sueños. Archibrazo, el grupo surrealista de Buenos Aires que nos brinda su hospitalidad, define de esa manera el surrealismo: ese estar colocando un pie en la calle y el otro en los sueños. Esa para nosotros sería la definición base, el punto de partidas para empezar a desenvolver el surrealismo popular.

Nuestra lucha fundamental seguirá siendo la educación. El futuro de la revolución surrealista, sostenemos, pasa por la educación, se desenvolverá en ese campo de batalla. Creemos que nuestra principal arma será la sensibilidad, la razón sensible, la razón ardiente, la razón que no desestima el cuerpo, el amor, la convivencia sensible.

Existen otras universidades populares, como la de Onfray que apuestan en el establecimiento de una razón construida contra la historia de la filosofía, apuesta en una contrahistoria de la filosofía. Además de apostar en el neoanarquismo y en la ética hedonista. Nosotros sustituimos el anarquismo por el surrealismo, tomamos la ética hedonista para inundarla de poesía. Nos importa la calidad de la convivencia y de la existencia, nos interesa construir ciudades sensibles, para nosotros pasa por ahí la idea de una ciudadanía surrealista. En la casa Warat todos los que la habitamos comulgamos con el surrealismo, eso porque nos sentimos y apostamos a ser hacedores de emociones.


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