22 de mayo de 2009

El nomadismo: vagabundeos iniciativos

Las recientes investigaciones sociológicas de Michel Maffesoli nos muestran que el nomadismo, entendido comúnmente como una forma de vida prehistórica, errante y asociada con “lo primitivo” y lo inestable, está resurgiendo en numerosas prácticas culturales y experiencias sociales que caracterizan la llamada posmodernidad. Este libro expone que la sociedad occidental del siglo XX nos hastió con sus discursos acerca de “la vivienda propia y para siempre”, “el individuo ahorrador y preocupado de su propio bienestar”, la obediencia a las instituciones del Estado y la confianza en el progreso. En suma, la forma de ser del hombre moderno pretendió fundarse en un radical sedentarismo y en un temor por lo transitorio. Pero cuando esta quietud entra en desuso, dice el autor, no queda más opción que el éxodo y la peregrinación. Expresiones de éstas dos últimas cualidades se observan actualmente en la conformación de “tribus urbanas” (que tanto caracterizan a las grandes metrópolis), en la diversificación religiosa, en el deambular por el Internet, en el vagabundear por los centros comerciales, en el callejeo (ya Walter Benjamin lo veía como una protesta al encierro y a la producción), en el creciente turismo, en el uso de drogas (éxtasis cotidianos), en los deportes de aventura, en la “varianza sexual” y en general, en todo deseo que implique “otro lugar” (físico o virtual). Para el lector que quiera encontrarse con un profundo y especializado análisis sociológico de cómo el mundo está transformando sus estructuras sociales de la mano con la globalización y las tecnologías de la comunicación internacional, este libro es perfecto. Pero a diferencia de muchos otros textos que le dan la razón a la coyuntura política o a la incertidumbre económica, aquí el autor opta por un enfoque novedoso que él mismo ha decidido nombrar como parte de una “metafísica sociológica” . Michel Maffesoli advierte en el nomadismo una estructura antiquísima, arquetípica, y mejor, intemporal; admira cómo, sin perder su frescura virginal, ésta se actualiza vigorosamente aquí y allá a través de minúsculas manifestaciones. Asevera que se trata de “la encarnación del mito dionisiaco y de la caía de Prometeo”; una sed de infinito, un deseo de evasión, una pulsión migratoria, en conclusión, que se trata de una herejía contra todo lo instituido, donde el cuidado de sí se expresa con los otros y/o en función de un Gran Otro divino. El encierro excesivo de la modernidad ha motivado que la peregrinación, que nunca dejará de tener rasgos místicos, efervesca en las mentes de todos. Este sociólogo francés comparte con C. G. Jung la idea de que hay un inconsciente colectivo que lleva despacito a la sociedad global hacia una circulación irrefrenable de valores y maneras de ser que traerán un cambio social tan placentero como traumático, tan redentorio como trágico; paradójico finalmente, como es, dice el autor, el movimiento de la vida.

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