9 de marzo de 2009

Opinión

Compartimos esta nota que realizó el diario Clarín a Fabio Quetglas:

LAW



Las sociedades pueden considerar legítima la desigualdad pero nunca la exclusión"


Fabio Quetglas, Master en Gestión de Ciudades por la Universidad de Barcelona, arriesga propuestas para enfrentar algunos de los dramas urbanos que afectan a nuestro país.

Frente a los nubarrones de la crisis que sacude al planeta, los recursos del urbanismo, la geografía, la ciencia política y la economía ayudan a desnudar las relaciones entre territorio y desarrollo desde una perspectiva local. Eso es lo que hace el abogado Fabio Quetglas, especialista en Gestión de Ciudades, quien a pedido de Ñ ofrece una serie de propuestas para enfrentar los dramas urbanos en la Buenos Aires del Siglo XXI. "Los argentinos no somos genéticamente distintos", arriesga. ¿Lo somos?

Clarín 5 de marzo de 2009.

Desde el punto de vista del desarrollo, ¿cuál es la raíz de problemas urbanos como el de las villas miseria?
Los problemas urbanos son siempre problemas sociales. Cuando leemos que hay un 30 por ciento de argentinos bajo la línea de pobreza, aunque no los veamos, están. En el caso de Buenos Aires esto resulta particularmente hiriente, porque es una ciudad con muchos recursos, no es una ciudad indigente.
Pero esa riqueza también es un atractivo de movilizaciones, y de tensiones que se expresan en estas villas del área urbana. Mi madre dice: "Habiendo tanto campo para trabajar por qué hay una mendicidad urbana". Y lo dice de buen corazón, pero no sabe que la mendicidad urbana tal vez sea más rentable que la horticultura periurbana. Parece un problema sin solución... Para resolver problemas sociales, la sociedad debe asumir la realización de acciones reparatorias.
Si tres generaciones sucesivas crecieron en la Villa 31, sin servicios sociales, con un estado esquivo o errático, se necesitan acciones reparatorias. Y estas acciones no pueden partir de una idea paternalista sino de la necesidad de asumir esto como un problema a resolver. La Ciudad y la Nación precisan armar un programa que cuente con un nivel de consenso entre los afectados.

¿Qué ejemplos positivos puede mencionar al respecto?
Hoy, Madrid o Barcelona no tienen chabolas y ése es uno de los grandes éxitos de la transición española. Hubo mucha inversión en vivienda pública. Fue un fenómeno que se dio al compás del crecimiento, pero se asumió que la acción física y la acción social no sirven si se abordan por separado. La situación en España es diferente a la de nuestro país... Ahora. Pero la España de la reforma urbana es previa al ingreso a la Unión Europea.
Hay una condición para las sociedades modernas desarrolladas: asumir que hay un piso. Pueden, tal vez, considerar legítima la desigualdad de ingresos, pero nunca la exclusión. Las políticas públicas que son eficientes para redistribuir el ingreso no lo son frente a la exclusión, porque se produce un quiebre cultural. Un pibe chorro que roba un blindado con 500 mil dólares deja de ser pobre pero igual está excluido, igual considera que el Estado es su enemigo, que la sociedad es su enemiga.

¿Y por qué nos cuesta tanto encontrar soluciones locales?
En el caso de la Villa 31, para seguir con el ejemplo, yo siento que hay pulsiones del tipo cómo vamos a dejarlos vivir ahí (a gente que ya vive ahí) un lugar que bien construido vale 3 mil euros el metro cuadrado. En tal caso hay soluciones. Se puede pensar en una vivienda pública con intervención sobre ventas posteriores, para que las plusvalías queden del lado del Estado, para que no haya un negociado detrás de todo esto. Hay que invertir, esto no es gratis, como tampoco lo es mejorar la Costanera. Algo parecido sucede con el transporte,

¿desde qué perspectiva se puede atacar el problema?
La ciudad de Buenos Aires tiene ventajas muy grandes, que no las aprovecha. La de la topografía por ejemplo, ni imaginarse esta ciudad con una topografía quebrada. Otra ventaja es la inversión histórica, algo que vamos perdiendo. Hasta los 60 no era comparable con ninguna de las ciudades de América latina.
El primer problema es un problema de base institucional, asumir la condición metropolitana de la ciudad. No puede ser que la autoridad de referencia sea la Nación y no la Ciudad. Conurbano, Ciudad y Nación deben constituir una autoridad metropolitana de transporte. Esto ya se ha intentado en asuntos como el del Riachuelo, con los resultados que conocemos... Es verdad que la co-conducción puede traer problemas, pasa con el Riachuelo, con el Mercado Central y con el CEAMSE, pero tenemos que ser optimistas..
Los argentinos no somos genéticamente distintos a otros que lo han resuelto por esta vía. Un tema como el del transporte no lo puede resolver un ente tan lejano como la Nación, porque ni siquiera puede haber un castigo electoral. El del transporte es un problema común a las megaurbes como Buenos Aires... Soy de los que creen que la ciudad es la solución no el problema.

Ahora, hay tres reglas que deben cumplir las ciudades: tratar de que la gente viva cerca de su trabajo, tratar de que la gente no mecanice su medio de transporte y separar la basura. Con esas tres grandes normas las ciudades serían muchísimo mejores. Pero para eso tenemos que pensar el modelo de desarrollo de la ciudad. Tenemos que pensar el policentrismo, las inversiones públicas. No podemos tener una ciudad central sobreinvertida y una ciudad periférica que sea el bolsón de la mano de obra desclasificada.

¿Qué papel juegan los subsidios?
Defiendo los subsidios para el transporte, porque esto otorga una competitividad general a la ciudad. Si la gente puede viajar en 20 minutos en lugar de tardar una hora es más eficiente, tiene menos estrés. Pero hay que asignar esos recursos de manera inteligente. Sin embargo, una tarifa a 30 centavos de dólar no es comparable siquiera a la de cualquier capital latinoamericana. Y es difícil mantener un servicio público de calidad con tarifas muy baratas.

¿Y qué hace la gente que no puede pagar más?
Ya está pagando servicios ilegales, y hace cola para tomarlos, simplemente porque los llevan sin parar. Es paradójico que tengamos empresas ilegales a la vista de todos, que incluso cobran más que las legales. Si compro un CD trucho es porque quiero pagar menos. Acá sucede lo contrario: viajo en un transporte trucho pagando más. Hay que registrar cuál es la demanda. En muchos casos la gente está dispuesta a pagar más. Los desarrollos locales encuentran puntos de conflicto en el uso de los recursos naturales,

¿hay salida para estos problemas?
Se precisan buenas leyes, buenos organismos de control y algo muy importante: romper el péndulo entre lo prohibido y lo permitido. El desarrollo tiene menos que ver con lo que uno tiene y más que ver con lo que uno hace con lo que tiene. Y los recursos, si son tales, pueden usarse. Para eso hay estudios. Se pueden sacar los minerales con ciertas técnicas, pero no con otras. Como mínimo, el péndulo del sí / no, empobrece el debate.
A la larga, decir no pesco porque los cardúmenes tal cosa, no voy a forestar por esto, no voy al monocultivo por lo otro tiene impactos directos sobre la población en términos de oferta laboral, de radicación de inversiones, de desarrollo tecnológico. Y así y todo hay ciertas cosas tan dañinas que deben ser prohibidas. La Argentina necesita explotar bien sus recursos naturales y sobre todo porque vamos a entrar en un debate mucho más calificado.

¿Ejemplos?
Los casos de Botnia, de la pesca o de la minería son realmente casos severos. El uso de cianuro en la minería es un problema grave. Pero nosotros podríamos hacer algo inteligente que nos permita enfrentar el tema de que, a partir de una misma montaña, Chile exporte cuatro veces más que nosotros. Es la misma montaña. Y eso implica un debate sobre la estatidad, sobre la institucionalidad y las normas para que las poblaciones afectadas sean positivamente afectadas y no todo lo contrario. Con el caso de Botnia no sólo se cuestionó a la pastera finlandesa, también se cuestionó la capacidad de control del Estado argentino y uruguayo. Todos estos conflictos frenan las inversiones pero no abren espacios para nuevos proyectos o explotaciones alternativas.

¿Hacia dónde hay que orientar el debate entonces?
Corresponde al Estado pensar en términos críticos. Protección de especies, diversidad biológica, tasa de corte, programas de lucha contra el fuego, qué pasa con los grandes y pequeños productores. Muchos de esos problemas tienen solución. ¿Por qué los pequeños productores no forestan en Corrientes? Porque le tienen miedo al fuego y son muchos los años que tienen que esperar para ver sus frutos. En Canadá, la gente paga una tasa por un programa estatal contra el fuego y sabe que tiene una protección. El debate sobre la economía y el desarrollo, en el fondo, es un debate sobre la calidad del Estado. Es el caso de muchos pooles sojeros... Han arrendado, han crecido en lugares donde la explotación económica era nula, en zonas marginales donde la tierra era muy barata, y fue una expansión de boom.
Pero otra vez volvemos al rol del Estado, que debe ser muy claro en sus definiciones. Tiene que decir qué áreas son de protección, cuáles se pueden explotar y bajo qué normas. No puede haber un vacío normativo, porque esto es siempre una ventaja para los poderosos o para quienes tienen contactos con el poder.

¿Qué soluciones pueden buscarse ahora que la crisis mundial cuestiona modelos que eran intocables?
En general, durante la modernidad tendieron a replicarse en el mundo soluciones modélicas, una especie de benchmarketing. Si la constitución de los EE.UU. es buena, copiarla era bueno en pro de la moderninad. Hay un rasgo de brutalidad en eso, la constitución de los EE.UU. tal vez tenga muchas cosas buenas pero difícilmente sea aplicable a Botswana. Sería bueno aprovechar la crisis financiera para preguntarse si para el mundo es lo mismo dar crédito para segundas residencias que darlo para vivienda única; si bajo el estrés ambiental en el que estamos el crédito al consumo es igual al crédito en infraestructura.
La crisis abre una oportunidad para repensar muchas cosas desde una óptica territorialista en el sentido de que ciertas soluciones o condiciones no son trasladables de un lugar a otro y que si bien hay valores universales, su defensa puede ser distinta en un lugar y en otro. No hay una sola forma de ser eficientes, se pueden construir desarrollos modélicos según la cultura y los recursos humanos de cada lugar y ése es el aporte que la teoría económica del desarrollo local puede hacer en este momento tan crítico, romper el paradigma de que hay una sola forma de ser democrático, moderno y eficiente.

¿Puede dar ejemplos locales a favor y en contra?
En Argentina hay varios ejemplos. Está el de Rafaela, que ya ha sido muy destacado, pero está también el de San Martín de Los Andes, donde hay un ordenamiento urbano muy estricto que protege su paisaje, es decir su fuente de recursos. Vieron lo que le había pasado a Bariloche y votaron un código estricto. Un contraejemplo es Ushuaia, que destruye su paisaje; San Martín, lo cuida. La fuente de riqueza, las formas en que las sociedades generan valor y recursos es diversa y circunstanciada y no hay una respuesta. Las respuestas son para cada lugar.

Fuente: Clarín






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