10 de marzo de 2014

Raoul Vaneigem



Tratado del saber vivir para uso de las jóvenes generaciones - Fragmento -

Raoul Vaneigem


             No tengo la intención de entregar lo que hay de vivido en este libro a los lectores que no se esfuercen con toda su conciencia en revivirlo. Espero que lo que expongo se pierda y vuelva a aparecer en un movimiento general de los espíritus, de la misma manera que deseo fuertemente que las condiciones presentes se borren de la memoria de los hombres.
          
  El mundo está por rehacer: todos los especialistas de su reacondicionamiento no lograrán impedirlo. Por éstos, a quienes no quiero comprender, mejor no ser comprendido.

             En cuanto a los demás, pido su benevolencia con una humildad que no les pasará inadvertida. Hubiera deseado que un libro como éste fuera accesible a las cabezas menos avezadas a la jerga de las ideas. Espero no haber fracasado más que en un segundo grado. De este caos saldrán algún día fórmulas que se dispararán contra nuestros enemigos. Mientras tanto dejemos que la frase, una y otra vez leída, recorra su camino. La senda hacia la sencillez es la más compleja; aquí especialmente era útil no arrancar a las banalidades las múltiples raíces que permitirán trasplantarlas a otro terreno y cultivarlas en nuestro provecho.

            Nunca he pretendido revelar algo nuevo, lanzar cosas inéditas al mercado de la cultura. Una ínfima corrección de lo esencial tiene más importancia que cien innovaciones accesorias. Sólo es nuevo el sentido de lo corriente que acarrea banalidades.

           Desde que existen los hombres, y leen a Lautréamont, todo está dicho y, en cambio, son pocos quienes han llegado a sacar provecho. Ya que nuestros conocimientos son en sí banales, sólo pueden resultar provechosos a espíritus que no lo sean.

           El mundo moderno debe aprender lo que ya sabe, convertirse en lo que ya es, a través de una inmensa conjuración de obstáculos, por la práctica. Sólo se escapa a la banalidad manipulándola, dominándola, zambulléndola en el sueño, entregándola al placer de la subjetividad. Yo concedo una gran importancia a la subjetividad, pero que nadie me critique antes de haber calculado todas las posibilidades que, en favor de la subjetividad, encierran las condiciones objetivas que el mundo realiza cada día. Todo parte de la subjetividad y nada se detiene en ella. Hoy menos que nunca.

           La lucha de lo subjetivo y de lo que lo corrompe amplía en lo sucesivo los límites de la vieja lucha de clases. La renueva y la agudiza. La toma de partido por la vida es una toma de partido política. No queremos un mundo en el que la garantía de no morir de hambre equivalga al riesgo de morir de aburrimiento.
     
        El hombre de la supervivencia es el hombre torturado por los mecanismos del poder jerarquizado, en una combinación de interferencias, en un caos de técnicas opresivas que sólo esperan para ordenarse la paciente programación de los pensadores programados.
        El hombre de la supervivencia es también el hombre unitario, el hombre del rechazo total. No transcurre un instante sin que cada uno de nosotros no viva contradictoriamente y, en todos los grados de la realidad, padezca el conflicto entre la opresión y la libertad; sin que no sea extrañamente deformado y como apresado al mismo tiempo por dos perspectivas antagónicas: la perspectiva del poder y la perspectiva de la superación.

      Consagrados al análisis de una y otra, las dos partes que componen este Tratado... requerirían ser abordados no sucesivamente, como lo exige la lectura, sino simultáneamente, puesto que la descripción de lo negativo fundamenta el proyecto positivo, y a su vez, el proyecto positivo confirma la negatividad. El mejor orden de un libro es no tenerlo, con el fin de que el lector descubra el suyo.

     Lo que hay de deficiente en la escritura refleja también una deficiencia en el lector en cuanto lector y más aún en cuanto hombre. Si la dosis de aburrimiento que comporta el escribir se traduce en cierto modo en el enojo de leer, esto sólo constituirá un argumento más para denunciar la deficiencia en el vivir. Por lo demás, que la gravedad de los tiempos excuse a la gravedad del tono. La ligereza está siempre más acá o más allá de las palabras. La ironía, aquí, consistirá en no olvidar nunca.


    El tratado...entra en una corriente de agitación de la que se sigue oyendo hablar. Lo que se expone es una simple contribución, entre otras cosas, a la reedificación del movimiento revolucionario internacional. Su importancia no debe escapar a nadie, pues nadie, con el tiempo, escapará a sus conclusiones.



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