24 de septiembre de 2010

identidad latinoamericana


Entrevista a García Canclini sobre la identidad latinoamericana


Latinoamérica está atravesada por procesos tan conflictivos como contradictorios. Allí se pierden los rastros de la identidad, se busca con desesperación al sujeto, a los hombres y mujeres que viven en un territorio "moderno" que convive con la hipertecnología, aunque muchos de ellos jamás conocerán una computadora.

De estas cuestiones se ocupa el antropólogo Néstor García Canclini, que presentó su libro: Diferentes, desiguales y desconectados.

Canclini asegura que Latinoamérica no sabe de términos como hipermodernidad o neomodernidad sino que todavía vive en la siempre cuestionada modernidad. "Nos hemos alejado del proyecto de la modernidad ilustrada que buscaba un sentido del conjunto de la sociedad en el que la educación y la salud fueran para todos. Pero estamos en una época en que ciertos objetivos de desarrollo tecnológico, la importancia de la innovación, los movimientos emancipadores y su represión necesitan ser leídos bajo las claves de la modernidad."—Hoy en cada individuo conviven simultáneamente varias identidades.

¿Esto ataca la idea de sujeto?
—Sí. Uno tiene múltiples pertenencias. Aun viviendo dentro de una sociedad y sin viajar, nos llegan repertorios culturales de muchas sociedades, en varias lenguas. Estamos exigidos a interactuar con nacionalidades diferentes en una misma ciudad, consumimos productos heterogéneos y en parte esto es una forma de libertad: el poder adherir a causas y grupos diferentes; lo que al sujeto le produce desgarramientos o multiplicidades que lo problematizan.

Hay una comunicación incierta a través de Internet, travestismos, formas de simulación mediáticas que plantean la dificultad de hacer pactos sociales.
No podemos saber con qué sujetos estamos tratando para que haya contratos sociales y culturales donde tener algunas mínimas nociones de quiénes son nuestros interlocutores. Posiblemente gran parte del desencanto político pueda leerse como una pérdida de claridad de los actores: políticos que cambian de partido, que proponen un programa y ejecutan otro cuando gobiernan... Lo mismo pasa en el fútbol, con jugadores de un país en equipos de otro. La indeterminación identitaria marca casi todos los campos.

—¿La historia de la desigualdad en Latinoamérica estuvo signada sólo por la aplicación de determinados modelos económicos?

—No. Por eso les doy poca importancia en el libro a las teorías económicas de la desigualdad. En America latina, la desigualdad posee bases económicas, historias, simetrías, explotaciones internas y externas. Al mismo tiempo es el resultado de discriminaciones y estereotipos que nos han fijado en un lugar de los que duermen la siesta, de los que no quieren afrontar la complejidad y la dureza del mundo tecnológico, que prefieren las relaciones familiares o de compadrazgo a la competencia económica.

Esto es poco cierto, especialmente en las grandes ciudades. Sin embargo, buena parte de la configuración y la reproducción de la desigualdad en Latinoamérica es el resultado de estos estereotipos y de un acceso diferencial y desigual a los recursos de la última modernidad.

—¿Los intelectuales latinoamericanos pueden comprender y elaborar estas problemáticas?
—Sí y no. Hay una producción intelectual de muy alto nivel en países de mayor desarrollo educativo universitario. Pero tendríamos que redefinir quiénes cumplen la función de intelectual. Ya no son sólo académicos, escritores, mentes lúcidas sino figuras de la TV, formadores de opinión, empresarios, tecnólogos y hasta actores. Además, hay un debilitamiento en el interés de la argumentación intelectual, se ve desde la disminución de los debates de ideas en la vía pública hasta la reconversión de los semanarios políticos en lugares de denuncias ruidosas.
Las figuras creadoras o impulsoras de ideas, como podrían ser los políticos más reflexivos, son conocidos más por sus ocurrencias o episodios sensacionalistas que por sus ideas.

—¿Hay un límite para la convivencia violenta de los conectados, los incluidos, con aquellos que nunca accederán a las nuevas tecnologías, los excluidos?
—El límite ha sido transgredido muchas veces en los últimos años. Las asambleas, cacerolazos, las reacciones cuando la crisis argentina tocó fondo, tuvieron el aspecto de conflicto entre conectados y desconectados, como cuando se destruyeron cajeros automáticos.
En Guadalajara, en la cumbre "Europa América latina", los manifestantes rompían cabinas telefónicas. Había algo de protesta, de imaginario antitecnológico que había que considerar. Son muestras del agotamiento del modelo neoliberal, búsquedas de producción de sentido, que son simbólicas y que logran algunos resultados. En la Argentina algunos gobernantes vieron que la protesta había llegado a un momento tal de dificultad de la convivencia que había que prestar atención.



Néstor García Canclini, nacido en La Plata en 1939, es antropólogo y un destacado investigador. Ha publicado trabajos sobre políticas culturales, globalización, sociedad de consumo y cultura urbana. Reside en México desde 1976. allí, dirige el programa de estudios sobre cultura urbana en la Universidad Autónoma de Metropolitana. Ha sido profesor de las universidades de Stanford, Austin, Barcelona, Buenos Aires y Soa Paulo.
Entre sus obras, además de la mencionada en el artículo, se destacan Culturas híbridas: estrategias para entrar y salir de la modernidad (1996), Consumidores y ciudadanos. Conflictos multiculturales de la globalización (1995) y La globalización imaginada (2000). Es una de las voces más autorizadas en Occidente en temas de cultura urbana y sociedades mediáticas. Sus textos se leen en universidades de toda América y han guiado a antropólogos y cientistas sociales

Héctor Pavón- Clarín

Fuente: www.unavistapropia.blogspot.com

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