25 de agosto de 2009

Manifiesto del surrealismo jurídico: vigésimo sexta entrega

1984, de Orwell, es una forma surrealista de mostrar que existen modos de conseguir que los componentes totalitarios de una sociedad sean irreversibles, sin más vueltas.
Pedagógicamente, tenemos el deber de provocar una gran alerta general.
Necesitamos comenzar a entender y a actuar contra los mecanismos que permiten que el totalitarismo se introduzca como una forma irreversible de sociedad.
La sociedad totalitaria es una formación social que cuenta con numerosos mecanismos de retroalimentación, que permiten la ultra-estabilidad de la misma. Ella se caracteriza por el hecho de haber conseguido transformaciones psíquicas profundas: es una sociedad de zombis afectivos.
Este es el tema neurálgico de la pedagogía del siglo XX. Ella debe enseñarnos a evitar la irreversibilidad de la sociedad de los zombis mal alimentados y mal amados, solitarios y enfermos.
Posiblemente, la única opción que queda será entre el totalitarismo y el Apocalipsis. La irreversibilidad del totalitarismo depende de la instauración de sociedades miserables. Sociedades tecnológicamente opulentas para el control de proles hambrientas. Las sociedades totalitarias se sirven de la tecnología para provocar el desequilibrio ecológico. Esta es la condición de su irreversibilidad. De esta forma una casta de privilegiados administrará la miseria (emocional, cognitiva y de los recursos naturales) como condición (irreversible) de su reproducción.
El futuro del totalitarismo depende de un Apocalipsis triple: de la naturaleza, de las emociones y de los lenguajes.
Para preservarnos necesitamos de grandes movimientos reivindicatorios. Movimientos enérgicos para la preservación de la naturaleza, de la sociedad, de la paz y de los afectos. Necesitamos de la ecología, de la política y del surrealismo. Necesitamos preservar los espacios naturales, políticos, afectivos y poéticos del hombre. El hombre sin recursos queda dependiente de un Estado divinizado.
En las sociedades totalitarias del futuro el hombre tal vez no tenga más lazos con la vida y con los otros. El tendrá, únicamente, fuertes lazos con el Estado. Será una sociedad de hombres sin vida privada y sin historia. Una sociedad sin espacio político, sin antagonismo, ni afectos. Seres aislados, carentes de todo, y exactamente dependientes de las migajas de una casta privilegiada. Ni siquiera tendrán el consuelo de una visión estética. No habrá más belleza natural que contemplar. El urbanismo será innecesario, la arquitectura desaparecerá. El hombre vivirá en las ruinas que quedaron de las ciudades del pasado. Gracias señor Reagan. Gracias a la gran camarada soviética. Gracias a todos los militares del mundo.
En las sociedades totalitarias del futuro posiblemente no exista lugar para el falso brillo de Disney World. Nadie se acordará de que alguna vez existió el Pato Donald.
Muchos brasileros se irritan con Zé Carioca, olvidan que ellos aún pueden saltar en el carnaval.

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