15 de julio de 2009

Manifiesto del surrealismo jurídico: décimo tercera entrega

Así, en la sala de aula, la creación lúcida por el lenguaje y la acción de los deseos pasan a ser un instrumento de descubrimiento del mundo. En la didáctica del imaginario, los deseos se divierten para entenderse y descubrir la vida. En más de 20 años de docencia, advertí que un profesor precisa ser un poco ilusionista. Emplear una didáctica del imaginario, mostrando que, para cambiar la vida, es preciso reinventar las ficciones. Tenemos que reinventar al lenguaje si queremos desenvolver la democracia. Ella es imposible con hombres estereotipados. El hombre adormecido, sin efervescencias, no es democrático. Un estereotipo no puede llevar incertezas, ni aceptar las diferencias y a los diferentes. No existen juegos didácticos sin afectos. La felicidad y la autonomía del hombre, dice Freud, dependen del trabajo y de la creatividad. Ambas cosas dependen enteramente de nuestros modos de sentir. De esta manera, remarca Freud, la pedagogía se funda psicoanalíticamente en una economía del amor. Un buen profesor, para el fundador del psicoanálisis, es aquél que sabe emplear la cantidad necesaria de amor. El premio de un profesor es la alegría, descubrir que despertó en los otros el deseo de sentir. La gran subversión en las aulas de Barthes fue siempre provocada por forma afectiva de trabajar el saber. En ellas un territorio de diversión y de afectos importan siempre más de lo que el saber previsible del mundo académico. Es la “afectoterapia” como estrategia para la sala de aula. El profesor como “afectoterapeuta” que no juzga ni culpa, simplemente desenvuelve el abrazo cariñoso de la palabra. De esta manera la sala de aula será convertida en el sueño de un mundo donde las personas son respetadas por la intensidad y el afecto con el que se unen y no por la fortaleza de sus murallas. La magia surrealista no es un mito. Ella es un sueño vital. El mito disimula la separación entre la cultura y la vida social. La magia surrealista está vinculada a la fuerza envolvente de los deseos. El mito sirve para estimular una cultura que vive sus contradicciones en una estructura que es obra de las divisiones metafísicas y se alimenta de los cultos alienados. Digamos, entonces, que la magia surrealista es el sueño sustituyendo los mitos. Estos últimos no son más que sueños para ausentes. En el momento creo ver que la distancia entre el mito y la magia surrealista es también la distancia entre la pedagogía de angustia y el inconformismo y la pedagogía del placer y del deseo.
Los antropólogos hablan de la magia de un modo bastante diferente del sentido que yo le atribuyo para el surrealismo tardío. Del pensamiento primitivo conservo únicamente la posibilidad de entender la magia como un principio vital. Una cosa transmisible y acumulable, pero que solo puede ser adquirida por contacto con los otros.
La cualidad fuerte de este tipo de representación estaría dada por su posibilidad de funcionar como mentalidad participativa. Un modo de pensar primitivo que sugiero retomar para recuperar la raíz del sentido de la vida colectiva; un vivir colectivo que se fue perdiendo. Esa manera de vivir crea hábitos mentales bastante diferentes de los que oscurecen la racionalidad occidental. La mentalidad primitiva me seduce en la medida en que muestro una forma de encarar sus representaciones mucho más por los sentimientos que por el pensamiento. La generalidad es para el primitivo una categoría afectiva. Las representaciones emocionales en sus vidas un papel preponderante: el realismo mágico en sustitución de un místico realismo objetivo. Es la magia en el lugar de la objetividad.

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